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Ya antes era un éxito

El sol ha decidido sumarse a la fiesta; centenares de mujeres, muchísimas jóvenes, van confluyendo hacia la Plaza del Ayuntamiento, señalando con prendas de color lila que van a reivindicar sus derechos. Por la mañana fui saludando, por procedimientos virtuales, a mis amigas; el ambiente era absolutamente de huelga por toda España. Mar. Isabel, Solinka, Paz, Yolanda, Marta, Alma, me aseguran que no dan golpe; o sea, en sus casa 100% de seguimiento. Langreo El balcón principal del Ayuntamiento de Langreo está decorado con pancarta y mandiles. Subo a hacer fotos; allí están Susana Alberdi, funcionaria, y Marta Varela, periodista, a lo propio. Comento que es la mayor concentración vista en mucho tiempo. Marta asiente: “Sí, gracias a Dios”. Mística, te veo. En la radio (RPA) el martes mi amable adversario Hipólito también decía “La huelga peca…” Pecado reclamar así. Le respondí que el asunto había tomado ya no solamente cariz social, sino teológico; un obispo asegura ...

¿Uso fraudulento?

El periodista, -es su papel-, denuncia las cosas que no funcionan. Sin embargo, detrás de la espectacularidad de titular y sumarios no hay caso. Se le ve el plumero de la parcialidad. Al parecer, los comerciantes “perciben esta práctica como hecho habitual”, en referencia a que los beneficiados con la caridad municipal gijonesa luego revenden los electrodomésticos que adquieren con la tarjeta social. ¿De dónde sale la sospecha de los boticarios? De “que se han encontrado a muchos compradores que al llegar la mercancía a sus casas les piden que los dejen allí, sin instalar y sin ni siquiera quitar el embalaje”. Cruceristas mejor que pob res Observan conductas fraudulentas y las denuncian; bien por los comerciantes, demuestran un alto grado de civismo. Es de aplaudir, sobre todo porque si el Ayuntamiento de Gijón retira esas tarjetas dejarían de ingresar 1’6 millones de euros. Sin embargo, la acusación de un delito no puede basarse en conjeturas, hacen falta pruebas, como ve...

Se me ha perdido el libro de Nicanor Parra

Se me ha perdido el libro de Nicanor Parra; tampoco es un suceso extraordinario, ocurre a menudo en una biblioteca tan escrupulosamente desordenada como la mía. Los libros tienen libertad, cambian de balda a su criterio; alguien me dice que son anárquicos, en absoluto, sencillamente son libres. Pocas cosas hay mejores que los libros libres. Cuando entra un libro en ella puede tener dos posibilidades: permanecer o irse. A los que invito a quedarse normalmente les doy trabajo: los releo, los subrayo, los cito, los copio. No los presto, hace tiempo que dejé de perder amistades y libros por ese método. Los que no encuentran acomodo en casa van a parar a la de las amistades, o a sitios públicos; lugares donde los van a acoger con cariño . No hay libro tan malo que algo bueno no contenga.  Sin embargo, Nicanor Parra, profesor de Física al que han dado en llamar Poeta, decía: Antes de despedirme, tengo derecho a un último deseo: Generoso lector, quema este libro En...

Vanesa, con la disculpa de la Constitución

Estábamos en el hotel, el periodista de La Nueva España había quedado en venir a las doce para entrevistar a Vanesa Llaneza, concejala de Empleo, Comercio y Desarrollo industrial del Ayuntamiento de Langreo; la gerencia nos había cedido amablemente la sala de lectura para hacer la grabación en buenas condiciones, habíamos llegado con tiempo para prepararlo todo. En la televisión nacional hacían propaganda de la Constitución. Hace treinta y nueve años, nosotros nos opusimos a esta Constitución; era una postura difícil de explicar, porque parecía entonces la panacea, la publicidad oficial decía que solucionaba todos los males. Luego fue tratada como la Sagrada Escritura; ahora reconocen que igual hay que retocarla. Pero poco, por si se rompe. Vanesa : No garantiza los derechos de las personas que vivimos de trabajar. Mira los últimos datos del paro, aumentando, pese a los contratos temporeros de la Navidad; la mitad de la gente parada no tiene ningún tipo de ayuda, en Asturies 30...

La fiesta de la banderita.

No suelo ondear banderas, la verdad; tal es así que este año ni siquiera acudí a la de Cruz Roja. Desde la infancia tengo aversión a los uniformes. Reconozco que, en ocasiones, pueden ser útiles, por ejemplo, cuando empiezas a jugar al fútbol con compañeros que no conoces bien; o en el caso de la foto que nos ilustra: los camareros de esta cafetería de Málaga no tienen que explicar en veinte idiomas que ésa, exactamente ésa, es la tortilla española. Sin embargo, las banderas habitualmente suelen tener un uso militar o paramilitar: la enseña de quienes quieren ser diferentes de otros, a los que, sin ninguna duda, consideran claramente inferiores en méritos para dar gloria al género humano. Las banderas separan; de la misma raíz es la palabra bandería , facción, de connotaciones desagradables. Hay en estas últimas semanas inflación de banderas, y el exceso origina, necesariamente, abaratamiento; al final, cualquiera se envuelve en sus colores, sin saber muy bien a cuento ...

Sentimientos invisibles. El círculo mágico

Todo comenzó en mi decimotercer cumpleaños, cuando al soplar la vela, deseé que nunca se apagara. Fue mi primera decepción, había ideado el plan al milímetro: si la vela no se apagaba, el cumpleaños nunca terminaría, y podría ser un niño para siempre; pero fracasé. Aquello me marcó, era la primera vez en mi vida que realmente deseaba algo, y todos decían que podías pedir un deseo en tu cumpleaños… me sentí profundamente engañado, y prometí que jamás volvería a creer en la magia. Este cuento ha aparecido en el nº 30 de la revista "Sentimientos invisibles", León julio 2017. Su autor, Jorge Ramos , es responsable de la edición, también en papel, de la publicación “El silencio es miedo”, en la ciudad de Palencia. El dibujo de cabecera es de Camino Fdez. Viejo . A los 23 años, tras finalizar mis estudios de animación sociocultural, por puro despecho me convertí en mago. La llama del odio ardía con fuerza en mi interior, y para poder soportarlo cada noche ejecutaba mi mejo...

Te ruego, por favor, que no nos traigas el avión

La señora, bastante mayor, estaba asustada, “¿Por qué hay tantos aviones hoy en Gijón?” Antes, al comienzo de la exhibición, las gaviotas habían huido despavoridas de la playa, tierra adentro; la cuñada de Mariajesús había recogido la ropa tendida, pensando que tronaba. Los aparatos militares atronaban la ciudad, en ruido insoportable, aplaudidos, como espectáculo de circo, por gentes entre las que se encontraban muchos varones disfrazados de cuando hace tantos siglos hicieron la mili. Se ha convertido en una desagradable costumbre hacer propaganda de la guerra como un atractivo turístico del verano gijonés. Y los padres abren la boca como niños y llevan a los propios a sentarse ante los mandos de una máquina de matar como si fuera un juguete. Pero la guerra no es un juego de ordenador, aunque desde que los sinvergüenzas sin alma (Bush, Blair y su lacayo Aznar) atacaran Iraq y se transmitiera en directo, parece todo una hermosa película de acción. Pero la guerra no es ficc...