Quiso el
alcalde zanjar el debate que él mismo había provocado. Antes de iniciar el Orden del día se
dirigió al pleno municipal con un escrito, no salido de su pluma, que leyó
dubitativo, más con miedo a equivocarse que con cuidado; aseguró que estaba de
parte de las mujeres, como acreditaban las importantes cantidades al respecto
que su equipo había presupuestado.
Andaba
yo por Oviedo dos días después; me paré, como suelo, donde La Regenta, que está
como petrificada en el cruce de calles que llevan a la catedral y al
consistorio, pero sin dar cara a ninguna de las dos instituciones, harta de ver
que siguen menospreciando a las señoras como en sus tiempos. Concluimos que el
Señor Don Alfredo Canteli y Fernández estaba más guapo callado. O menos feo,
porque con esa cara adusta de suyo, cuando quiere sonreír saca una mueca.
Empezó
todo este lío por el asesinato de una mujer. El primero de España este año. Un jubilado de la mina,
con antecedentes de mala persona, clavó a cuchilladas a su pareja ante la
mirada atónita de dos chicas jóvenes, paralizadas por el susto. Al igual que la mayoría de ediles de
Asturias, salió Canteli a las puertas del Ayuntamiento de Oviedo, a
manifestarse contra la violencia machista el sábado 1 de febrero a las cinco de
la tarde. Las cámaras de la TPA le filmaron declarando que esto de los minutos
de silencio no sirve para nada y que a ver cuándo se manifestaban por la muerte
de un hombre.
Le
cayeron de todos lados, claro; entonces dijo que “se habían sacado de contexto
sus palabras”; puede que si no se hubiesen grabado las hubiera negado. Uno
piensa que probablemente se haya sentido molesto porque le interrumpieran la
sobremesa del sábado para hacerle salir a la calle en día desapacible y con
transmisión consecutiva de los partidos del Oviedo y el Sporting. Ya se sabe
cómo es la derecha cuando se sienta a comer.
También
pudiera ser que estuviese dolido porque unos días antes había sido acribillado
a balazos un narcotraficante en Llanera y nadie convocó concentraciones de
repulsa, ni nada.
Ana
Ozores, perenne Regenta en bronce, no es de mucho hablar, pero como teníamos
tiempo, estuvimos repasando los patinazos orales del Señor Alcalde. Él asegura
que no es del Partido Popular, pero lo disimula bastante bien, sus
declaraciones suelen estar guiadas por los argumentarios que el equipo de
guionistas del partido suministra a sus cargos públicos.
El
problema de los okupas.
A poco de llegar al cargo, salió con los populares a protestar “contra la lacra
de la ocupación”. Plantaron tienda en la Plaza de la Escandalera y no se cortó
un pelo para repetir la frase que el día anterior había proferido una conocida
dirigente madrileña, si bien cambiando el nombre de la ciudad. “En Oviedo puede
suceder que una señora salga por la mañana a comprar el pan, y cuando regrese
encuentre su casa okupada”. ¡Qué agilidad delictiva! Poco tiempo después salía
la fiscal general dando el informe anual de delincuencia, en que el que dejaba
claro que la ocupación de viviendas no figuraba entre lo más preocupante en el
panel de estadísticas del crimen en la región.
Y
seguía sin serlo al cierre de datos de 2024; ahora bien, debería el señor
Canteli tomar buena nota de que las estadísticas señalan a Oviedo como capital
de la delincuencia asturiana, -por cierto, muy baja con relación a la media
nacional-, y la relación de delitos no está encabezada por jóvenes en búsqueda
desesperada de vivienda, sino por violadores y estafadores. Debería cambiar
sus discursos cuando el número de violaciones en la ciudad que dirige ha
aumentado ¡el 85’7%!
Las
dietas. Después de
cargarse los chiringuitos populares de las Fiestas de San Mateo y ponerlos en
manos de la patronal hostelera fue a Madrid a pregonar la Fiesta del Desarme,
celebración gastronómica de raigambre. Acudió acompañado de su familia y luego
pasó al ayuntamiento notas de gastos por encima de 1000€. Denuncia de la
oposición, se defiende diciendo que su mujer siempre va con él “como es su
obligación”. Luego promete devolver los euros, pero a poco va a una nueva
reunión, esta vez del patronato Príncipe de Asturias, y vuelve a pasar dietas;
más módicas, solamente 537€.
Estos
molestos obreros. La
fiesta del Desarme y los Premios Príncipe se celebran en
octubre, un escaparate
para lucirse la pequeña burguesía ovetense. Bien pequeña. En 2019 a un grupo de
trabajadores de la empresa Vesubius (Langreo, material refractario), en su
desesperación por salvar 200 empleos, se encerró en la catedral. Aunque no es
el eclesiástico territorio de su jurisdicción, -que se sepa-, no pudo
contenerse el ardoroso alcalde; ni siquiera se había quejado el deán, pero aquel grupo de humildes proletarios desmerecía
la elegante imagen de la ciudad. “¿Por qué no van a manifestarse a otra parte?”
Cuando le llueven las críticas, recoge velas cobardemente: “Estoy con los de
Vesubius a muerte”. La factoría ya no existe.
Desprecio
de aldea. Comentaba con
uno de mis contertulios en RPA, hombre de la derecha que piensa, estas
barbaridades que suele soltar Canteli, y le recordaba aquella que se le ocurrió
con relación a la polémica futbolística Oviedo/Sporting; animaba al club de su
ciudad con un “a ver si quedamos por delante de los de la aldea”. Ese
“quedamos” es dar por supuesto que participa en la refriega canchera; es
irresponsable usar expresiones de confrontación cuando normalmente estos
partidos suelen ser declarados de harto riesgo y exigen fuerte despliegue
policial contra gamberros. No parece realista apelar “aldea” para referirse a Gijón, la ciudad más poblada e industrializada de Asturias; usar el término “aldea”
como insulto solamente se le ocurre a un señorito que desprecia a los
trabajadores manuales.
La
Escuela de Minas y otras batallas.
Luego fue acogido por la ciudad de Oviedo, a la que siempre dice estar
agradecido, y es buena cosa serlo. Lo que ya no es tan noble es convertir
cualquier diferencia de criterio en una batalla campal, acusando de cerco a la
capital. Canteli estudió Minas (¿estudió o estuvo matriculado solamente?,
porque no terminó la carrera); cuando la Universidad de Oviedo decidió
trasladar la Escuela a Mieres, en la Cuenca Minera del Caudal, de donde nunca
debió haber salido, armó un circo de aquí te espero, animando a los señoritos
que, ignorando la autonomía universitaria, se oponían al cambio. Perdieron uno
tras otro todos sus enfrentamientos judiciales, como era de esperar.
Y
porque no se me olvide nada, recuerdo que estuvo encantado de devolver los
nombres de los militares franquistas que trufaban las calles de la muy noble, muy leal, benemérita,
invicta, heroica y buena ciudad
de Oviedo, cuando un juez encontró un resquicio para parar el proceso de
cambio. Obligado definitivamente por la ley a borrarlos, se las arregló para no
usar las denominaciones que la izquierda había propuesto, para que quedara meridianamente
claro quién manda aquí.
En
definitiva, goza de unas cuantas condecoraciones civiles, religiosas,
gastronómicas y militares, pero ninguna tan ganada a pulso como el Ladrillo
Rosa de Xente Gay Asturias, por sus menosprecios al colectivo, o el Babayu 2021
de la tertulia feminista Les Comadres por sus recurrentes comentarios
inadecuados hacia las mujeres. (Babayu es expresión astur de difícil traducción
al castellano, define a un hombre escaso de luces que se siente feliz de serlo)
Podría
revalidar el galardón, sin duda, por sus desgraciadas declaraciones ante el
asesinato de Sama de Langreo; lo explico con palabras ajenas, más ajustadas que
las propias, copio parte del artículo firmado en El País por Juan Navarro al
día siguiente del alevoso feminicidio:
El
alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, del PP, ha acusado sin fundamento a un
migrante de un reciente crimen machista en Langreo, Asturias, y ha cuestionado
las políticas contra la violencia de género. El político, de 78 años, lanzó
proclamas xenófobas acerca del
primer crimen machista de 2025. Karilenia, la víctima mortal, de 40 años, era originaria de
Cuba y madre de tres hijos menores de edad, y fue apuñalada por Francisco F.,
de 72 años y vecino de Langreo. Canteli cargó en cambio contra los extranjeros
asegurando que “llega de todo sin ningún tipo de control”. Y añadió: “¿Quién la
mató? Un inmigrante”, apuntando que era “venezolano”. Cuando un periodista
le corrigió ese aspecto, pues el implicado es español y asturiano, el regidor
restó importancia con un “da lo mismo”.
Ye difícil meter la pata tan a menudo y ser tan impresentable. Aunque Xixón según les sus palabres ye una aldea...el susodicho,ye aldeanu bastant ,por desgracia pa los aldeanos.
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