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1976, el año más largo del siglo

 


Empezó 1976 el 20 de noviembre anterior, con la muerte del Dictador; todos nos felicitábamos en Nochevieja con la portada de Cambio 16: “¡Feliz año libre!”. Bueno, no todos, acabó el 26 de enero de 1977, con las consecuencias del asesinato de los abogados laboralistas de Atocha a manos de una banda fascista; nuestros 432 días más intensos de la segunda mitad de siglo.

Durante ese período no hubo sector de la clase trabajadora española que no saliera a la calle. El doctor en Historia e investigador del CSIC Enrique Glez. de Andrés nos ofrece un detallado estudio, provincia a provincia, sobre la base de informes oficiales, de todo cuanto se movió, auspiciado por Metrópolis Editorial.

Las páginas de “1976, el año que vivimos peligrosamente” recogen cómo detallan en sus escritos regulares lo que pasaba en la calle los gobernadores civiles, -definidos por la ley como “heraldos de la voz del Gobierno…y realizadores de sus consignas-, los gerifaltes del sindicato vertical, y las fuerzas del orden público. Un claro paralelismo con la situación actual: crisis económica originada en un alza imparable de los productos energéticos, inflación galopante (27%), y los lacayos del Régimen intentando evitar a golpes que los trabajadores nos defendiéramos.

Escribe el representante del Gobierno en Burgos que “ha pasado a la historia la imagen laboral de trabajadores sumisos y baratos”. Para luego afirmar que “la totalidad de los conflictos ha supuesto un número de horas laborales perdidas mucho más elevadas que en los últimos cuarenta años”.

Esa misma idea de que el trabajador debía estar sometido al Régimen la plasmaba en papel el jefe de la Policía de Puertollano: “…distintos sectores profesionales caracterizados hasta ahora por su silencio y sumisión se han lanzado recientemente al paro sin detenerse a considerar las graves consecuencias para la economía nacional…”

Los herederos de Franco tenían serias razones para estar preocupados, algunos analistas incluso hablaron de situación prerrevolucionaria; cada provincia, cada sector de la producción, se le enfrentaba decididamente. Informa el Gobernador civil de Álava: “Todas y cada una de las empresas alavesas, han estado en conflicto durante 1976”.

Entrevista en la Radio del Principado


Las personas movilizadas, con gran susto para los gobernantes, se saltaban una y otra vez los estrechos cauces legales de la Dictadura: Asambleas sin autorización fuera de los edificios oficiales, representantes elegidos al margen del sindicato gubernativo, abogados laboralistas ajenos al Régimen… Las reivindicaciones meramente laborales, transcrecieron hacia las políticas; pedir libertad de huelga era equivalente a libertad de elegir.

Hemos acompañado a Enrique en las presentaciones en Asturias (Oviedo, Gijón, Langreo) organizadas por la Fundación Andreu Nin. En lo que entonces se llamaba Provincia de Oviedo, los números de participantes en movilizaciones, así como los de horas perdidas o producción no realizada son espectaculares, aun cuando desde el Gobierno civil se ocultaban datos a sus superiores. Por ejemplo, no figuran las huelgas de Profesores No Numerarios en defensa de la estabilidad en el empleo -igualito que ahora-.

Presentación en Langreo


En León fuimos acogidos por la Fundación Sierra Pambley. No era ésta una de las provincias de más conflictividad en 1976, no obstante, los elementos industriales, construcción, madera, minería… tuvieron un incremento importante de las movilizaciones, tanto como obligar a la patronal a organizarse al margen del sindicato oficial; nace la Asociación de Empresarios Leoneses, hoy FELE.

Los gobernadores civiles tenían un cargo de alta volatilidad, durante estos meses en todas las provincias fueron removidos de sus cargos, incluso en alguna más de una vez, buscando paz social donde no la podía haber. Hasta junio, estaba en León uno que se haría famoso cuando el golpe de Tejero, Francisco Laína; fue desplazado a Las Palmas para dejar paso a Antonio Quintana Peña que en su informe hace una crítica certera, original en cuanto a que señala con el dedo a sus superiores: “…deterioro coyuntural, consecuencia de la crisis económica que arrastra de años anteriores, basada en primer lugar en una defectuosa estructura económica del país…”

Diario de León


El representante del gobierno en Valladolid distinguía con claridad los sectores económicos y sus afinidades políticas; hacía una relación detallada de todas las siglas de la oposición, metiendo en el mismo saco partidos y sindicatos. Explicaba que la tercera parte de la población activa se había movilizado, a la par que señalaba los movimientos de los barrios por sus mejoras y, para redondear el panorama, “la malísima cosecha por desfavorables condiciones atmosféricas…al descontento por los precios y la general situación deprimida del campo, que dio base para una masiva manifestación en la ciudad, unos 15.000 agricultores…” Si bien, para respiro del informante, “se esforzaron y consiguieron evitar su politización”.

Fundación Sierra Pambley

Y es que al hombre no le llegaba la camisa al cuello porque los periodistas, particularmente los de El Norte de Castilla, (quién lo diría hoy, en manos de la derechista cadena Vocento), pandilla de comunistas que informaban de “la problemática laboral, las acciones reivindicativas concretas en las iglesias y centros de trabajo, así como de las convocatorias de manifestaciones públicas y otros actos ilícitos”. Se reunió con los directores de los periódicos para convencerles de que no usaran como fuente a los propios trabajadores, que “daban informaciones generalmente tendenciosas” y se limitaran a la verdad oficial.

Entre las páginas del libro busco Segovia, por mi relación particular con la provincia. No fue sitio particularmente movido, pero es curioso ver la manera en que desde el poder se señala a los curas jóvenes con homilías que pretendían soliviantar a una ciudadanía “tradicionalmente conservadora”, en su opinión; o a los estudiantes, que usan el folclore local como instrumento de revuelta. Me viene a la memoria el Agapito Marazuela dulzainero, ya mayor cuando yo desembarqué por allí; militante del PCE, recopilador de tradiciones y humilde maestro de músicos jóvenes.

No obstante, reconoce el señor gobernador que pueda haber causas objetivas para la queja; como tantos otros colegas suyos, señala la ausencia de inversiones productivas, cita la inflación, azote de bolsillos humildes, y la falta de puestos de trabajo que frenen la emigración; por ende, “no se puede ser optimista… a no ser que hechos concretos les permitan concebir esperanzas de dejar de ser una provincia olvidada”.

Estamos, en definitiva, ante un libro necesario, un amplísimo trabajo que debemos agradecer al autor. En tanto que trabajadores, tenemos a la vista una parte importante de nuestra historia reciente.

 


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