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Esto de la guerra es sangre y ruinas, no un juego con avioncitos y barquitos



            Antes de que me lo llame la señora ministra me auto acuso: soy un ignorante. Así tilda ella a quienes son críticos con sus ideas; por ejemplo, la de gastar 2.100 millones de euros en construir 348 autobuses blindados para el Ejército de Tierra. Los militares los llaman de otra manera, que ya se sabe cómo usan el lenguaje para despistarnos; pero, en definitiva, la serie titulada Dragón no es otra cosa que camiones con forma rara y chapa gorda para transportar soldaditos. 348 unidades, 20 por comunidad autónoma, para tener a la tropa de excursión.

            La disculpa siempre es parecida, la creación de un montón de puestos de trabajo. O sea, da lo mismo que sea en matar, el caso es tener a la gente ocupada. Según sus cálculos, 600 empleos directos y otros 1600 indirectos. Anotado queda para ver la realidad, que va a quedar al descubierto enseguida; decía la militar ministra que eran puestos muy importantes para “Asturias, País Vasco y Andalucía”; ya veremos, porque en este mismo momento se está anunciando que la planta de Sevilla se cierra.

            La inversión irá a parar a las cuentas de General Dynamics, Sapa, Indra y Escribano, a través de una Unión Temporal de Empresas (UTE); pero hay más empresas a la espera de que el “dinero empiece a retiñir”. El Chief Executive Order, (CEO; o sea, director general) de la francesa Thales, anuncia que aspira a cubrir el equipamiento de comunicaciones de los camiones. Su gobierno y el nuestro ya han hablado de ello; y de que nos vendan una “cloud” (nube informática) defensiva. El año pasado enviaron un artículo que reprodujeron todos los medios, desde ABC en adelante, como si fuera una noticia; incluso alguien, desde Londres, lo envió como entrevista con el señor Patrice Caine, que siempre hubo jetas entre el periodismo.

            Ahora, con el problema de las fronteras de Ucrania, nos ponemos a las órdenes de Biden para hacer progresar las posiciones militares de la OTAN, organismo que, -no se olvide-, nació como alianza militar “para detener el avance del comunismo” cuando el Pacto de Varsovia no existía. Después de que se disolvió, se han añadido más ejércitos hacia el este, en un alarde de poderío bélico.

            El PSOE ha pasado del “OTAN, de entrada, NO”, a pedir el Sí en el referéndum convocado por sus mismos directivos, a “No a la Guerra” del Golfo, pero sí a hacer el golfo gastando cada año más de mil millones de euros, -y algunas vidas de jóvenes que no tenían trabajo decente-, en sitios donde no tenemos pito que tocar: Afganistán, Irak, Malí, Senegal, Gabón, Turquía, Letonia, Bosnia, las fragatas en el Mediterráneo o los avioncitos del Báltico…

            La aviación militar fue usada siempre como forma de machacar a los otros con poco riesgo de bajas propias. Hoy se exhibe como una atracción de feria en la que mayores añorantes de la mili suben a sus niños sin explicarles que es un arma mortífera, que mata indiscriminadamente. El horror de los bombardeos está grabado a fuego en todos quienes los sufrieron; todavía no han olvidado las hazañas de alemanes e italianos bombardeando y ametrallando a la población civil española.

            Pero no fueron los alemanes hitlerianos los inventores de tan funesta estrategia; el bombardeo como arma de terror procede de los ingleses, y empezó la idea, ¡oh casualidad!, en Kabul. Una rebelión de afganos contra el Imperio estaba generando dificultades, hasta que el capitán Robert Halley propuso bombardear la capital; The Times informó de pavorosos incendios, el emir pidió la paz. El nombre del único aparato que participó ha quedado para la historia, el Old Carthusian…La broma se repitió poco después en Somalia, una nueva rebelión contra la ocupación británica fue sojuzgada arrasando la ciudad de Taleh, residencia del cabecilla. Churchill era entonces ministro de la Guerra (ahora se dicen de Defensa) y se pavoneaba en el Parlamento: “La de Somalia ha sido una de las guerras más baratas de la historia, con un coste de 30.000 libras en bombas hemos ahorrado una expedición que nos habría costado 2’5 millones”.Así que ya se le dio al asunto calidad de científico; se preparó un plan de formación de pilotos, Churchill fue nombrado ministro para las Colonias y reunió a sus delegados en ellas para explicarles de qué manera, mediante el miedo a la aviación, podrían tener sujetas a sus poblaciones sin ocuparlas. Hasta un tal MacKay escribió un ensayo acerca de la eficacia de matar desde el aire, “La influencia de los aviones en el futuro para la defensa del Imperio”, donde explicaba que eso de bombardear era inequívocamente más barato; no había duda de la eficiencia de las máquinas, “No importa cuántos hombres ponga el enemigo sobre el campo de batalla, será incapaz de proteger sus pueblos, sus ganados y su maíz”. (1)

            Con estos antecedentes, con la crisis que USA atiza una vez más en Europa, es de irresponsables hacer apología de la guerra aérea, como el avioncito de portada, ubicado en una rotonda de León, donde tuvo su sede la malhadada Legión Cóndor; o como la funesta idea de la Círculo Aeronáutico de La Felguera, que, con la disculpa de homenajear Jesús Fdez. Duro, -avanzado de la aerostación que jamás fue militar-, enseñan los cazas a los niños. En sus páginas informativas aparecen de vez en cuando aviadores nazis tratados como héroes; Juan de la Cierva citado como inventor, pero nunca como colaborador del levantamiento de Franco; o se llama “personaje extraordinario” y “noble corazón” al golpista Carlos Martínez Vara de Rey (“Varita” para los amigos) que quiso evitar a tiros el despegue de los aviones del gobierno constitucional que iban a detener a los militares de África.

            Pasada la pandemia, seguramente volverán a Gijón las exhibiciones de los aparatos de la Patrulla Águila y otros instrumentos de promoción de la guerra. Siempre nos hemos opuesto, por esa banalización del homicidio industrial que conlleva, y por los peligros de andar jugando sobre la propia ciudad, poniendo en riesgo a su población.

            Recientemente un juez militar ve indicios de delito en el último accidente de un C-101, en el que murió uno de los “héroes” que hacía numeritos de circo sobre la bahía de Gijón y alrededores, sobrevolando sobre miles de ovacionadoras cabezas, ignorantes del terrible riesgo.  El historial de este modelo, habitual en las irresponsables piruetas en cielo astur, es para preocuparse:

  • 1984. El 13 de junio inician la luctuosa serie dos muertos sobre el aragonés Pantano de Sotonera.
  • 1984. Siguen dos fallecidos sobre el puerto de Pajares (Asturias) el 16 de agosto.
  • 1991. Dos aparatos chocan entre sí en el entorno de la Peña de Francia (Salamanca) Un muerto.
  • 1993. Honrubia. De se estrellan dos unidades en el aire. Dos heridos graves, uno de ellos canadiense.
  • 1995, enero. Piedrahita (Ávila). Otra colisión de dos aviones. No hay muertos.
  • 1995, marzo. Manises. Un muerto.
  • 1995, octubre. Cae un C 101 al Mar Menor. Dos muertos.
  • 2005. Se abate un aparato sobre una casa en la población de Baeza; muere el piloto, más una señora y su hija de ocho meses que no eran de la guerra.
  • 2012. Dos muertos en Madrid.
  • 2019. Se cierra la serie, hasta el momento, con la muerte sobre el Mar Menor del piloto de la Patrulla Águila más aplaudido en Gijón, comandante Francisco Martín. El Juez Togado Militar n º 14 habla de “imprudencia grave”(2)

    Escribo estos apuntes el 30 de enero, fecha de la que no parece acordarse la gente que se debería de celebrar el Día Mundial de la Paz; desde ciertas tribunas españolas, oradores que no estarán en el frente, llaman a matarse en Ucrania.

(1)“Te ruego, por favor, que no nos traigas el avión”, Blog Cartes de Cuturrasu,25 julio 2017

(2) Fuentes: Diario La Verdad, de Murcia y, para la relación de accidentes, El Independiente de 26/08/2019

 

 

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