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Olas de estulticia y mala fe



Las noticias confirmaron que a partir de las cero horas del miércoles pasado quedaríamos encerrados en las lindes de Langreo, de nuevo, así que los dos días anteriores fuimos a ver la mar, que ya lo cantaban Los Rebeldes: Llegó la hora de cambiar/ asfalto por mar/ cansado de vivir en una jaula/ como un animal. (Bueno, no da la cosa para tanto, pero la canción es divertida).

La ría de Villaviciosa transmite en la foto de inicio sensación de tranquilidad. Paseamos con la marea baja, un padre levanta una piedra para enseñar a su hija la caza del crustáceo. El marisqueo en la ría lleva varios años vedado, no tanto para proteger las especies, que también, como porque está seriamente contaminada. No hago ningún comentario, probablemente pertenecerán al espécimen “pijus matritensis”, como la familia que el año pasado metió un mastín en su coche, “porque estaba abandonado en un prado”. No podrían estar aquí, según la ley, es decir, son inmigrantes ilegales. Presuntamente.



Se creen que todo lo que está más allá de treinta kilómetros de Gran Vía es territorio de catetos. Las faltas de respeto llevan a extremos tales que ya se les señala como culpables de todos los males, como hacen ellos con cualquier catalán. (O antes con los vascos). Vuelve a discutirse la regulación del aparcamiento para autocaravanas; la campaña anterior el presidente del club de autocaravanistas de Madrid llegó a declarar que “hay pueblos en Asturias que si no llegamos nosotros no venden una barra de pan al día”.

Sidra en la terraza del Entrepeñas. Una familia compuesta por abuela, nuera, tío, dos niños y un perro de bolsillo. El varón adulto declara por teléfono a grandes voces, con habla del sur del Payares; después de citar una riestra de falsedades estadísticas, para que el público se instruya, afirma: “Yo cada vez soy más negacionista. Lo que quiero es mi libertad de vacunarme o no…” Sé que soy injusto, pero inmediatamente pienso que vale, pero a cambio de no vacunarse, en aras de “su libertad”, que firme no acudir a la Sanidad pública si él o su familia se infectan, y su compromiso de correr con todos los gastos de hospitalización, en su caso, de vecindario y compañeros de trabajo afectados por su irresponsabilidad.

La abuela no es más discreta a la hora de proclamar que “no es una vacuna lo que te inyectan, es otra cosa”. La nuera intenta razonar, pero desiste. En cualquier caso, ella misma vuelve a una postura pragmática, “pero si me llaman, me vacunaré”. Los niños se entretenían repartiéndose dos bolsas de patatas fritas. El perro bajo la mesa, a la sombra.

En casa veo de dónde viene tal desprecio por la ciencia; desde los círculos de la derecha más arcaica se difunden bulos a pantallas llenas. Militantes del partido altavox del PP se esmeran en poner en cuestión las informaciones científicas, hasta tal extremo que se ven sus comunicaciones tachadas por los gestores de las redes, con el sello de bulos manifiestos. Ahora que España está en juego, -según su opinión-, en las elecciones madrileñas, han copiado la táctica de Donald Tramposo: amenazan con fraudes de la izquierda en los votos por correo. No es una táctica que nos resulte desconocida, el equipo de Josemariaznar, ese genio de la política mundial que tanto nos echa de menos, cuando fue derrotado por González en 1993, sugirió que había habido “cosas raras”. De hecho, a la media hora de cerrarse las urnas Javier Arenas declaró que su partido había ganado. Afortunadamente, no se atrevieron a insistir en esa ruta; estos sus herederos serían capaces.



Al día siguiente la mar está menos tranquila, confirmando los pronósticos meteorológicos. Bella, pero desaconsejable para darse los primeros baños de ola de la temporada, -sobre todo en un arenal como el de Salinas-; peligrosa si no se la respeta.

La palabra “respeto” no está en el diccionario de algunos hombres públicos, que largan sin pensar delante de los micrófonos. Mientras nosotros tomamos una cerveza en la terraza del Club Espartal, que acaba de firmar un acuerdo para formar deportistas chinos, en Oviedo presentan “los bocados del cofrade”, iniciativa hostelera con ilustres invitados, -pese a que Asturias está cerrada-. Seguramente para conseguir que se hable de ellos, dice barbaridades Don José Luis Izuel y Sanz, que no parece ser primo del Sr. arzobispo Sanz, pero sí correligionario.

El Sanz que viste de sayas acusa a los gobiernos de izquierdas de usar las medidas de confinamiento con fines aviesos. No sé cuáles, pero algún día nos lo explicará. El Sanz que se viste de pantalones dice que son medidas “crueles; Asturias está limitado por todos lados, arruinado en su totalidad”. (Copio hasta la original concordancia)



Por si acaso estoy mal informado repaso en medios visuales y escritos la situación en países de nuestro entorno: Francia, cerrada toda la hostelería desde octubre; los franceses vienen a emborracharse al Madrid de Ayuso (o a los museos, en el Madrid de Almeida). En Portugal “decenas de personas del sindicato mayoritario CGTP (Confederación General de los Trabajadores Portugueses) se manifestaban a las puertas de la Asamblea de la República pidiendo mejores condiciones laborales y más ayudas para los sectores más afectados, el comercio y la hostelería, cerrados desde el 15 de enero”.  En Italia, “42 millones de personas, dos tercios del país, se encuadran dentro de las llamadas «zonas rojas», en las que solo está abierto lo esencial. El resto queda en las «zonas naranjas», donde se mantienen cerrados bares y restaurantes. Tan solo se salva la isla de Cerdeña, en la que las restricciones son mucho más livianas. Ésta es la nueva Italia, al menos hasta final de Semana Santa”. (Informaciones de TVE, La Razón, El Mundo, La Voz de Galicia y Onda Cero)



¿Quién es este Señor Yzuel y por qué está tan mal informado, si un torpe como yo, en un clic, ve el mundo? José Luis Yzuel y Sanz, es, según datos del Heraldo de Aragón, descendiente de una familia de hosteleros, cuarta generación, y tiene intereses en hostelería y salas de espectáculos de Zaragoza y Madrid. Desde la patronal de su tierra ascendió a presidente de la Asociación Española de Hostelería y a la cúpula de la CEOE. Los datos que aparecen en el Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) dicen que participa o ha participado en 14 consejos de administración con diferentes objetos sociales, incluso veterinaria. (Por cierto, puede que por mi ignorancia, pero no he podido encontrar balances de esas compañías posteriores a 2017. No digo que no los haya…)

Es decir, no es un humilde tabernero de su pueblo oscense de Sariñena, sino un alto dirigente empresarial. Lo corrobora el conocimiento de diferentes proyectos presentados para la mejora (en su opinión, claro) del sector hostelero. Por tanto, no está mal informado, obra con mala fe. Muy mala fe. Nada de extrañar, cuando veo que retuitea con alegría notas de ese ejemplo ciudadano e informativo que es Radio InterEconomía.

Además de mal bicho, ignorante. Declara: “Se están aplicando normas medievales, no salir de casa y los hosteleros a la hoguera”. Verá Usted, Señor Yzuel, para su información, y sin que estas líneas le cuesten ni siquiera invitarme a un vino somontano, la Inquisición española fue fundada por los Reyes Católicos en 1478; el primer Auto de fe documentado tuvo lugar en el año 1481, y esos hechos ya no se producen en el medievo, sino en otra época histórica. Le copio lo que dice la Enciclopedia de la Historia: “La caída de Constantinopla fue la invasión del Imperio otomano a Constantinopla, capital del Imperio romano de oriente, también conocido como el Imperio bizantino. Este hecho histórico ocurrió el 29 de mayo de 1453 y significó el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna”.

De nada.

 

 

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