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11 de marzo, aniversario agridulce

 


Era soleada, aquella mañana leonesa; subía por la calle de las Plegarias, a la altura de la fuente, cuando me llaman desde casa para informar de lo que ya esperábamos: la muerte de una muy querida amiga. Hoy, en su aniversario, fuimos al chigre habitual para tomar unas botellas de sidra a su memoria.

Había viajado temprano, consciente de que probablemente tendría que regresar de urgencia, porque no quería perderme bajo ningún concepto el evento de la tarde: Mi admirada y estimada Chus de la Fuente presentaba su primer libro de poemas, “Volando sobre el fuego”. Le había prometido a Ramiro Pinto que estaría presente por encima de todo; fue tan amable que me incluyó en el orden del día, sin duda recargado por todas las personas que querían mostrar su cariño a la autora con unas palabras. Felipe, el de Patrimonio, tuvo a bien acompañarme para animar al público a cantar las “Coplas del payador perseguido”. Luego Marta Muñiz, al piano, puso la música de verdad.


(Casi no se puede celebrar la presentación, unas horas antes la OMS había declarado que estábamos ante una pandemia mundial y se empezaban a prohibir los eventos con espectadores . La habilidad negociadora del organizador nos salvó, pero este encuentro de amistades y el entierro del día siguiente ya serían los dos últimos actos 
públicos a los que podría asistir en mucho tiempo).



Las coplas de Atahualpa Yupanqui reclaman al poeta dejar de cantar a la luna y enmarañarse en las vidas de las personas que viven de su trabajo. Chus también clama a Selene, claro, pero poco, porque “No soy poeta”; escribe porque es más barato que el psicoanalista, “sacar los sentimientos a la luz”. Se mancha del barro del dolor, del amor físico, de la injusticia… Dice Ana Ibis en el prólogo: “Es casi imposible encontrar en sus versos sentimientos de alegría, optimismo o esperanza…no deja de ser una poesía que estremece y nos hace cómplices de sus sentires, que transmiten fuerza y capacidad estoica, para superar los obstáculos posibles con el amor y la bondad por banderas”.

Su familia, esa que le da trabajos y alegrías. “En mi portal de Belén/está mi madre/ y mis nueve hermanos también”. “Tu bastón, mi fuerza”, a la madre que, emocionada, nos acompañó. Esa madre destinataria de otro poema, “Dios da las peores batallas a los mejores guerreros”. “La sombra de tu sombra/tu escudo, tu armadura”, para su hermana Meme, que en aquellos días sufría. Sus terribles experiencias con otros, que la hacen rozar la desesperación: “Supieron que me podían dañar/Tú/mi niña/eras mi fragilidad/Acabaron lo que empezaron/me rompí como un cristal/Muerta en vida estaba”.



Cuando uno es apaleado por la vida suele empezar a dudar de sí mismo, “Sólo soy un borrón”, pero ha sabido escoger su entorno; además de los de casa, sale con quienes luchan por Pan, Techo y Trabajo, defiende a los emigrantes, “Son personas/per-so-nas”. Se solidariza con los desahuciados (sabe de qué va la película), empuja las Marchas de la Dignidad. Busca tiempo para acudir el último viernes de cada mes al Ágora de la Poesía. Camina, incluso cuando no puede, contra la Precariedad, por la Renta Básica. “Forjé mi armadura/un escudo…para resurgir/ ¡como el Ave Fénix!”. La vida como un combate, “Cuadrilátero”; aunque se declara peso pluma, que lo es, tiene voluntad: “Luchando mis propios asaltos/dejando KO a los pesos pesados/La vida es un cuadrilátero/mi lucha/levantarme en cada asalto/esperando otro combate”.



Al contrario que la prologuista, yo sí he encontrado líneas de esperanza, de esa fuerza vital que Chus me contagia cada vez que me ve y me abraza tan cálidamente. Cuando me cuenta de nuestra debilidad, esa su Thais que me enamoró cuando leyó por primera vez en público un poema en el Ateneo Varillas. Con doce años. Igual su madre la tenía entre las destinatarias cuando escribió “Carmín”:

Ponte medias,

zapatos de tacón,

pinta tus labios.

Carmín de color.

Hazte la raya,

viste de rojo pasión.

No dejes de bailar,

la vida es una noria

que no deja de girar.

Que no falte

en tus labios el carmín

ni los zapatos de tacón.

Viste de rojo pasión.

No pierdas nunca la ilusión.

Bienaventurados los pobres, bienaventurados los perseguidos por la justicia, bienaventurados los que sufren. Bienaventurada la poesía, sí. Y quien hace que los versos sean un horizonte. Bienaventurada quien ha volado sobre el fuego y quien, de esa manera, ha encendido la llama de la palabra. Compañera. (Epílogo de Ramiro Pinto Cañón, que hizo todo cuanto pudo porque este libro esté en nuestras manos, con la inestimable colaboración de LapizCero ediciones).

Aquella mañana recogí la flor que ilustra la cabecera en el Bar Begoña, en la esquina de la Rúa, cerca de la Plaza del Grano. Muchas ya la habéis visto. Es delicada, necesita abundante luz. Mirarla me sirve para recordar que hay que vivir el momento, aprovechar los rayos de sol y recoger su energía para luchar, para amar, para bailar, aunque sea sin carmín ni zapatos de tacón. La vida es efímera, vivámosla en buena compañía y sepamos tener a nuestro lado a quienes quisimos y se nos han ido.




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