Hoy es 23 de abril, para las
celebraciones oficiales Día del Libro; en mi casa, desde hace decenios Sant
Jordi, el Libro y la Rosa. Para cumplir con la tradición, habida cuenta de que
las librerías están cerradas por culpa de una corona, -que como todas trae
virus patógeno-, debería haber comprado por Internet. Me niego.
Reconozco que estuve tentado a
ello, sin embargo, descarté la posibilidad en minutos. ¡Vas a comparar! El
placer de entrar en la librería, saludar, preguntar por algunos temas que ya
traía previsto y luego revolver a mis anchas, tocar los libros, hojearlos,
olerlos. Ni punto de comparación. Así que vamos a celebrar la fecha con esta
página y ya nos desquitaremos en cuanto nos den la condicional.

Cada vez que me acerco a
cualquier obra del Maestro encuentro cosas nuevas, así puedo contarte ahora que
el verdadero desencadenante de la tragedia de los amantes de Verona no está en
la desgraciada muerte de Mercuccio a manos de Teobaldo (no hay Teobaldo bueno),
sino en una epidemia.
…los celadores de la población, por sospechas de que ambos habíamos estado en una casa donde reinaba la peste, sellaron las puertas y no nos dejaron salir.

El trabajo del Globe es
espectacular. Resulta sorprendente lo que comunican los jóvenes actores, lo mucho
que consiguen sin tramoya, con las simples tablas del escenario, usando dos
niveles. La escena en la que sacan el cuerpo inerte de Julieta es el paradigma
de la efectividad: bajan las parihuelas por entre el público que se queda en un
denso y respetuoso silencio.
Con el escenario ocupado de
cadáveres, como corresponde a una tragedia que se precie, el Príncipe señala a
los culpables: “¡Mirad qué castigo ha caído sobre vuestros odios!”. Moraleja
aplicable a nuestros días donde algunos olvidan que los seres humanos hemos
salido adelante gracias a la colaboración y hemos perdido siempre que afrontábamos
los problemas desde el enfrentamiento. Todos.
Dos familias, iguales una y otra en abolengo, en la bella Verona, impulsadas por antiguos rencores, desencadenan nuevos disturbios, en los que la sangre ciudadana tiñe ciudadanas manos.
En un Día del Libro no podemos
olvidarnos de los tebeos, a través de los cuales muchos de nosotros nos
aficionamos a leer cada día. Hace apenas un mes que Asterix y Obelix se
quedaron definitivamente huérfanos, Albert Uderzo, su dibujante, moría de un
infarto, del mismo accidente vascular que hace años su compañero de aventuras,
el guionista René Goscinny. En la historieta Asterix en Córcega hacen
parodia de esos conflictos ancestrales, que se prolongan más allá de la lógica
sin que haya persona que ponga un poco de raciocinio. Nadie sabe realmente por
qué se originaron, pero siguen causando desgracias porque “en todo caso, era
muy grave”.
Voltaire escribió El
tratado de la tolerancia, pese a lo cual fue duramente zarandeado por el
club del Crucificado; persiguieron su persona, prohibieron sus libros, porque
señalaba “Comparad las sectas y los tiempos, y hallaréis en todas partes, desde
hace 1600 años, una medida casi igual de absurdos y horrores; por todos lados
razas de ciegos que se destrozan unos a otros en la oscuridad que les rodea”. Y
en El filósofo ignorante nos dejaba en aviso: “Veo que hoy, en este
siglo que es la aurora de la razón, algunas cabezas de esa hidra del fanatismo
vuelven a renacer”.
¡Feliz Día! Espero que, de
acuerdo con la mejor tradición de San Jorge, alguien haya pensado, conseguido o
en su defecto prometido, regalarte una rosa y un libro. Y confío en que tú
correspondas. Hago votos porque, además, leamos esos libros, para que por fin
se cumpla la frase de Kant “Los seres humanos* van abandonando poco a poco el
estado de barbarie gracias a su propio esfuerzo”. Saludos cordiales.
*Realmente él escribió “los
hombres”, pero todo debe traducirse.
Disfrutando de relectura:
ResponderEliminarDulce Chacón La voz dormida
Hay que sobrevivir, camaradas. Solo tenemos esa obligación. Sobrevivir
Sobrevivir, sobrevivir ¿para qué carajo queremos sobrevivir?
Para contar la historia, Tomasa