Ir al contenido principal

Aquí, de sábado, reflexionando un poco



Oigo en la radio, cuando me desperezo, a unas personas a los que la entrevistadora define como “con capacidad mental disminuida”, -y antes en el Barrio llamábamos de manera más cruel-. Dicen que están ilusionadas con votar, algunas que su opción es secreta “y por eso no se dice…”

Yo voy siempre a votar. No siempre con ilusión, pero sí con convicción de ciudadanía. En ocasiones los programas no me convencían y de todas formas me he presentado aun cuando fuera para echar el sobre sin papeleta. Estoy leyendo opiniones, recomendaciones, sugerencias, orientaciones hacia determinadas siglas. Hace días que tengo decidido a quienes, si bien voy a hacer como las personas que citaba al principio, “es un secreto, por ello no se dice”. De todas formas, como soy de Ciencias, no puedo menos que rebelarme contra la palabrería de ciertos dirigentes políticos y poner en esta pantalla algunos números.

Contra la mendacidad de algunos vividores, datos. Y no escribo “las mentiras de los políticos”, porque políticos somos todos. “El hombre es un animal político”, decía el filósofo; debemos corregirle, “El ser humano” es un animal político; no puede sobrevivir si no es en compañía de otros, luego todos nuestros actos son políticos.

¿Para qué sirven las encuestas?

Para orientación, claro. Pero no son predictivas, como algunas empresas quieren hacer creer; solamente muestran tendencias, y eso si se hacen adecuadamente. Para nuestra propia desgracia, la ciudadanía española tiende a mentir en ellas, lo que hace más difícil orientarse. Pero, además, no son, en pura teoría estadística, muy profesionales. Ejemplo: Hace una semana me preocupaba de leer la ficha técnica de un trabajo publicado en un diario del grupo Vocento; mostraba resultados, hacía pronósticos, desde una muestra de 6.000 personas. ¿Es eso suficiente para calcular el comportamiento de 35 millones de votantes? No. A mayor abundamiento, las preguntas son hechas por trabajadores precarios de subcontratas, con lo cuál la cruz se pone en la casilla que tengan más a mano. No hay tanto voto oculto como capacidad para descubrirlo.

¿A qué color votar?

No soy de banderas. La sociedad no se mueve por los trapos de colores, ni se detiene ante las fronteras, haya muros, vallas, concertinas o guardiasciviles; se mueve ante la necesidad de procurarse sustento. Algunos acudimos diariamente a nuestro puesto de trabajo para llevarnos a casa el “pan común”, -ese que ayer, viernes, no sabía nombrar la portavoz del Gobierno-. A otros se lo llevan sin necesidad de dar un palo al agua. La posición en la pirámide económica es lo que me mueve a votar. Si la riqueza del mundo se repartiera adecuadamente, no habría hambre y podríamos tener jornadas laborales mucho más pequeñas; para estar con los hijos, para hablar con las amistades, para leer, para tener un huertecillo, para pasear al perro, para tocar la guitarra, ¡Para vivir!

Pero no es así. La suerte puede decidir tu futuro, El 10% de las familias controlan el 90% de la riqueza; si naces en una de ellas te preocupará el último modelo de Maseratti; sino te romperás la cabeza para llegar a fin de mes. El reparto de la riqueza es lo que me mueve a votar.

¿Hay que rebajar impuestos?

Habrá que bajar y habrá que subir. No nos dejemos engañar: si no hay impuestos no hay escuela, salud, ni carreteras; por tanto, hay que cotizar. De acuerdo con los datos oficiales de la UE, en España pagamos menos que en otros estados de Europa, que, en general, disponen de mejores servicios; o sea, podríamos aflojar más el bolsillo y podríamos vivir mejor.


Ahora bien, pasemos por caja en función de las posibilidades de cada uno. Estos datos puedes buscarlos en la base del INE (Instituto nacional de estadística), referidos a tu comunidad, pongo como ejemplo los de la mía. En Asturies el 91% de la recaudación de la Agencia Tributaria en 2018 ha descansado sobre tres impuestos: IRPF, IVA y Sociedades.
Una cantidad muy próxima a la mitad, (44%) nos la han retirado de la nómina, en concepto de Rendimientos del Trabajo; otra parte bastante considerable (39%) la hemos pagado al hacer la compra diaria, con el IVA; sin embargo, las grandes corporaciones, quienes se llevan la tajada grande de los negocios, solamente han contribuido a la Hacienda pública con un miserable 8%.

Me anima a votar la búsqueda de un programa que eleve la contribución a los gastos del estado a quienes tienen posibles, y la reduzca a las personas que no acaban el mes ni aun haciendo horas extras.

Esa Deuda que nos corroe.

La gran campaña en su día de Mariano Rajoy era que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, gastando lo que no teníamos; embaucados por José Luis Rodríguez Zapatero habíamos endeudado al país. Él pondría orden, mientras nosotros nos apretábamos el cinturón. Así aumentó las horas de trabajo, rebajó los salarios, redujo empleos y quitó prestaciones a los desempleados. ¿Con qué resultado?

            Deuda al final del ejercicio 2010 (PSOE):  650.079 millones de euros.
            Deuda al final del ejercicio 2017(PP):      1.114.629 millones de euros.

¡Tanto sacrificio para nada! Los dineros se quitaron de las nóminas de los trabajadores para pasarlos, directamente, a los beneficios empresariales; verbigracia, a la Banca. 60.000 millones de euros usados, sin vergüenza alguna, en sanear las cuentas de las entidades financieras, 100.000 millones si contabilizamos otros avales y gastos. Deuda de entidades privadas que nos han endiñado como pública.

Estos datos componen las primeras palabras de mi parte en el libro sobre la Marcha contra el Paro y la Precariedad. Por la Renta Básica. Caminamos de nuevo en 2018 desde Asturias a Madrid para explicar que esos euros, repartidos entre la población, habrían dado comida, tranquilidad y libertad; regalados a los banqueros nos quitan la vida. En nuestras manos, habrían vuelto rápidamente al circuito económico, gastados en artículos de primera necesidad, -comida, vestido, libros para los niños-; las tarjetas de crédito de los de Bankia son el ejemplo contrario: mariscos, perfumes de lujo, licores, habanos, lencería fina y putas.


No podemos quejarnos.

Cuando las Marchas de la Dignidad de 2014 hacíamos una broma fácil. “¿Cómo van las cosas por España? No podemos quejarnos. ¡Hombre, me alegro, después de lo que pasasteis! No, que no podemos quejarnos porque son 30.000 euros de multa.” La Ley mordaza, diseñada expresamente para que, además de explotados, apaleados. Hoy día hasta por hacer chistes puedes verte en el juzgado.

O por una cosa tan humana, como, ante las tragedias diarias, levantar los ojos al cielo y lanzar imprecaciones contra dios, los santos y la iglesia. Sus pretendidos representantes en la Tierra te denuncian, como si la divinidad no supiera defenderse por sí misma; cosa por lo demás ilegal, porque para representar a Dios ante los tribunales, deberían tener un poder general de pleitos firmado.

No basta con votar.

O sea, que yo mañana sé nítidamente qué papeleta escoger; ahora bien, tengo también muy clarito que la moqueta y los sillones mullidos despistan a la gente, por tanto, estaré vigilante de que mis representantes me representen. Y si no es así pediré que vuelvan a su puesto de trabajo habitual. ¿Que es difícil revocarlos? ¡Ya lo sé! Por eso digo que hay que cambiar esta constitución y esta ley electoral. Nos queda mucho por limpiar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Crónica de la infamia

“Yo aquel día quería marchar andando a mi país… Me puso la cara aquí, frente a mi cara, pegada, estaba dándome voces, daba golpes en la mesa, rompía platos, tenía un cuchillo en la mano y yo pensaba que no iba a volver a ver a mis hijos…” No puede seguir hablando, baja la cabeza, esconde la cara negra entre las manos negras; M es una mujer dura, pero esta vez ha sido demasiado “ es un día que no lo voy a olvidar jamás” La inspectora de trabajo tiene modales suaves, aguanta unos segundos la pausa, pero debe seguir haciendo su trabajo: “ ¿Y eso de los insultos?” L es más expansiva, toma el relevo de su compañera, “ Nos decían tonta, bestia, no tenéis ni idea, ignorantes; se tapaban la nariz, decían cerda…” , pero ésta no se calla ni debajo del agua: “…Y yo le dije que se bañara, que ella no se baña, ¡ella sí que huele!” (Si Vd. pasea por delante del establecimiento y observa los chorretones de grasa en los cristales y en la parrilla de las sardinas al inicio de la jornada, recuerdo...

No me toques los rumanos

Cuidado con la cartera . Era como una letanía, cada amistad con la que comentaba el viaje me repetía la misma salmodia; incluso Diana y Radu " lamentamos decírtelo nosotros, que somos rumanos, pero..." Los prejuicios nos hacen mucho daño a todos; en Rumanía, como en Moldavia, Besarabia y Cuturrasu, hay gente de todo tipo y condición; gente honrada que vive de su trabajo y gente que explota el sudor ajeno, en las formas de carterista, papón o recaudador de contribuciones. Pasado y presente  Parques para disfrutar Bucarest es una ciudad apasionante, alegre, bullanguera y civilizada; en esa fase en que se ven espléndidos palacios cayéndose junto a edificios de nueva planta o magníficas restauraciones. Parques inmensos, magníficamente cuidados, con lagos y zonas delimitadas para bicis, para patinadores malabaristas, para jugadores de ajedrez o para marinos de agua dulce. La ciudadanía en general ha sido amable, salvo una funcionaria de correos, pero luego nos ex...

La Muerte, la puñetera

Había previsto para el martes coger todos los datos electorales y pasarme la mañana haciendo álgebra, pensar luego en por dónde hay que tirar. Pero a primera hora llegó la noticia: la Muerte, la vieja puta, la que se cuela en las casas sin ser invitada, la que nos espera escondida en los cruces de la vida, la que jode a deshora, volvía a presentarse. La Muerte, la indeseable compañera de toda la vida...Se ha llevado a Josín. Treinta y cuatro gozosos años. Un infarto. Los que usan tanto el corazón suelen gastarlo antes que el resto.