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El extraño caso del obispo, la secretaria y su marido, con las terribles consecuencias para la isla de Mallorca.



Hay un pequeño establecimiento en el carrer l'Argentería, número 1, que no puede llamarse más que Bar Plata; en él Carlos reparte amabilidad, sonrisas, bromas, cervezas heladas, y excelentes bocadillos de atún y sobrasada; normal o picante. El nombre de esta calle viene del gremio medieval de plateros; eran fundamentalmente judíos, pero cuando las hordas cristianas asaltaron el call, prefirieron cambiar de religión, para preservar cabezas y haciendas. Está a la espalda de la iglesia de Santa Eulalia, la primera parroquia católica después de la conquista. El miércoles las dos señoras de edad incalculable acaparaban los dos diarios a disposición del público habitual: “Sale lo de Sonia Valenzuela y el obispo”.
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Sonia era la responsable de relaciones institucionales del obispado, a la que el titular de la mitra había elevado a la categoría de secretaria personal. Dicen que ella y su esposo pertenecen a las altas esferas del Partido Popular y de la sociedad católica palmesana; parece ser que esto ha pesado mucho en el desarrollo del folletín. El marido, que además tiene un nombre como para no olvidar, Mariano de España, acudió a ver a Dom Javier Salinas i Viñals para que dejara de rondar a su señora; no  solamente fracasó en el empeño, sino que se consideró burlado, así que preparó recursos a instancias superiores, aderezados con los informes y fotografías de una agencia de detectives. Para que no faltara de nada.


El señor obispo dice que no ha ofendido a la moral católica, incluso puede que fuera así, pero sí ha estado escaso de prudencia: En una ceremonia pública bendijo los anillos que se intercambió con su secretaria, con los nombres de ambos grabados; en la prensa sale la foto del suyo, adyacente en el dedo al prestigioso anillo episcopal. Amores. Ya lo dijo Pablo de Tarso, primer ideólogo del cristianismo: Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Claro que sus sucesores mandaron retirar a las mujeres de todos los sitios públicos, los teatros, las iglesias, porque eran elemento de tentación, que ya se sabe cómo el hombre es fuego, la mujer estopa, y viene el diablo y sopla. Las tierras mediterráneas saben mucho de dimonis y de tentaciones; también de que no ha bastado con retirar a las señoras de las sacristías. Javier Salinas se ha visto obligado a separar de su cargo a Antoni Vallespir, prior de Lluc, el lugar santo por excelencia de la isla mayor, acusado de ser demasiado cariñoso con els blauets, los niños cantores.


Y a Joan Pons, de Sa Pobla, y a Antoni Caro, de la parroquia de Selva, por las acusaciones de un monaguillo, que implicaban a otros rectores. Ha tenido que tragarse todo el proceso de Pere Barceló, de Can Picafort, -quien tuvo el dudoso honor de ser el primer sacerdote expulsado de su ministerio en España por estas razones-. Acusado de violación al menos por seis feligresas, por la denuncia de una de ellas los tribunales le impusieron una fianza de 100.000 euros, con responsabilidad civil subsidiaria para el obispado. El asunto se remató con una indemnización de mutuo acuerdo por importe de 30.000 €.


Todas estas informaciones, nunca desmentidas a la prensa, con actuaciones judiciales serias, forman parte del panorama que el obispo Salinas hubo de afrontar en Mallorca. También señalaban en su contra las fuerzas de la derecha católica que no ha sabido ser suficientemente combativo cuando en el ayuntamiento retiraron el crucifijo del salón de plenos, ni ante el intento de derribo de Sa Feixina, un monumento al golpismo militar que se resiste a la piqueta.


Roma le ha depuesto y le da un empleo menor en Valencia. Si estas fueron las verdaderas razones de cargar contra Dom Javier, en el pecado llevan la penitencia: Ha venido a mandar en Mallorca un obispo de Menorca. Para mejor comprensión del agravio debe señalarse que nunca ha podido presentarse un menorquín (o menorquina) como cabeza de lista para las autonómicas, ¡jamás saldría!


El administrador apostólico, Sebastiá Taltavull, va a tener que esmerarse para que las aguas vuelvan a su cauce. Durante el fin de semana florecieron panfletos contra la señora secretaria y su ex marido, por las calles del elegante casco antiguo; el obispo depuesto fue despedido por trescientos compungidos feligreses, y en la madrugada del domingo apareció el retrato del sagradocorazóndejesúsenvosconfío tirado entre estos contenedores de Es Fortí. ¿Un nuevo cisma?


No creo, la verdad. El poder de la Iglesia en Mallorca lo desaconseja; si bien en ocasiones son tentados a ello, los prelados procuran pelearse poco para seguir haciendo caja, aunque sea con medios fraudulentos. En enero quise ver una exposición de belenes de marfil, que se anunciaba gratuita en el palacio episcopal; para entrar se me exigía comprar el billete de la exposición sobre Ramón Llull.  Me quejé a la encargada porque la muestra llulliana ya la había visto, -previo pago, claro-, y porque en la prensa se decía “gratuita”. Como no le acepté su argumento de que era un error de los diarios, me remitió a las oficinas episcopales; allí un joven caballero me atendió con educación, lamentó lo ocurrido, quiso cargar el error a los periodistas y por fin me ofreció pasar sin pagar. Le dije que no aceptaba privilegios y me prometió enmendar el error; le hice ver, de paso, como estas informaciones tenían despistados a otros turistas alemanes.


El primer martes de septiembre, como cada mes, hay concierto de órgano en la catedral. “Gra-tu-i-to”. Cola de centenares de metros, que da la vuelta al perímetro de la seo. Otro matrimonio alemán (siempre lo son) se pregunta, como nosotros, si todo aquello es para el concierto. Me ofrezco a informarme, mientras me guardan el puesto en la cola. Voy al securata. Buenos días, ¿para el concierto? Esa mirada  de superioridad que tienen algunos en cuanto los uniforman. Muy fácil, póngase a la cola, saque una entrada y pasará al concierto. ¡Lo habría jurado! La prensa dice gratuito, señor mío. Solución: Usted saca el ticket de entrada para ver la catedral,  por el concierto no paga,


Semejante comportamiento es, en toda tierra de garbanzos, publicidad fraudulenta; algún día esta maldita actitud pesetera desatará todos los demonios. El matrimonio alemán no daba crédito. Os lo cuento, para que cuando viajéis a Palma no os creáis promesas de gratuidad en la sede de los católicos; a la par afirmo: ésto no va a quedar así.

Comentarios

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