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No hubo tiros en La Felguera. Misterios y milagros de la Semana negra en Langreo


Se tuvieron que traer sillas suplementarias, aún así hay muchas personas de pie. La sala llena, el calor agobiante de un día de verano radiante, aconsejaron dejar abiertas las puertas. De repente se oyen tres estallidos en el exterior; en el interior silencio, el público vuelve la vista hacia la entrada…
...Lluis , en el uso de la palabra, transmite calma, “Tranquilos que para protegernos está a la puerta el Ejército rojo”. Jonatan, Enrique, Héctor y el comandante Ginio. Todo controlado, no había tiros; en la iglesia parroquial, en la acera de enfrente, unos petardos deseaban felicidad a los novios.
Meter a casi doscientas personas en la Casa de la Cultura de La Felguera roza lo milagroso; por el aforo oficial, por ser sábado de julio, festividad del Carmen y con un día de sol de los que entran pocos en la docena (en Asturies). Sin embargo todos los esfuerzos previos dieron resultado y la expectación llenó la sala. La iniciativa de la Fundación Andreu Nin en colaboración con la Semana negra y la participación del Ayuntamiento de Langreo, permitieron traer a Leonardo Padura (que nos debía la visita) y a Lluis Juste de Nin, un grafista prestigioso y comprometido; todo ello dio lugar a una serie de hechos misteriosos y milagrosos.
No ha trascendido que como consecuencia de este acto Jesús Sánchez, alcalde de Langreo, (mediante pacto entre Izquierda Unida y Somos), perdió el sillón.
Cellino ocupa el puesto de alcalde
El día 5, en el salón municipal de plenos, tuvo lugar la rueda de prensa de presentación, con la intervención del alcalde, Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana, y Javier García Cellino en nombre de la Fundación; Javier es de esos que cree que protocolo es el nombre de un animal unicelular y, ni corto ni perezoso, se sentó en el sillón presidencial. Ante las risas generalizadas hizo ademán de cambiar de escaño; Jesús Sánchez le dijo que estaba bien allí y a ver si se mantenía unos días para que se enterara de lo que pesa el cargo. El Ayuntamiento se alegró de volver a recibir a la Semana negra, la Fundación agradeció su generosidad y De la Calle recordó que la vez anterior, en 1996, estaba coleando el conflicto de Duro-Felguera. 
Como ya os conté, estuve invitado a viajar de Madrid a Gijón en el Tren negro, que trajo a varias decenas de escritores, periodistas, fotógrafos e ilustradores; una oportunidad para invitarles a los actos que estaban previstos organizar en Langreo. El asunto funcionó, porque el día 16, a las 11 en punto de la mañana, estaba completo el vehículo de la empresa local que el ayuntamiento puso a nuestra disposición. Otro milagro, teniendo en cuenta la fama de conducta bohemia que se supone entre alguna de las veinticinco personas invitadas; sin duda se debe a la sonriente Lorena Nosti, responsable de comunicación de la Semana, que guía el grupo con mano firme.
Se organizaron las cosas de tal modo que, además de ofrecer a la población del Valle la posibilidad de convivir con primeros espadas literarios y gráficos, se difundiera una de sus principales atractivos turísticos, el Ecomuseo de Samuño. (Que no Lamuño, como escribió alguien; eso queda más hacia la parte de la mar).
Mordzinski en acción
Misteriosamente somos capaces de coordinar el desembarco cerca del salón de actos con la llegada de Carmen, que cumple unos pocos años y a quien Padura dedica amablemente el libro de hombres y perros, ahora que su galga portuguesa ha librado de milagro de la alevosa agresión de un cocodrilo disfrazado de can. 
El cubano no ha apeado la sonrisa; está encantado en Asturies. Repite como su primer viaje a España fue precisamente para acudir a la primera edición de la Semana, aquella de 1988, en un Musel que todavía ni pensaba en las obras faraónicas que lo han cambiado. Bromea con que el Premio Príncipe le hace pensar en pedir pasaporte asturiano. Me deja una cariñosa dedicatoria en "El hombre que amaba los perros" y se lleva el libro de la Columna asturiana en la Marchas de la Dignidad. Los representantes de la Fundación Andreu Nin en Catalunya (Peio Ordiaciaín, el historiador Pelai Pagés) y Madrid (Enrique del Olmo), son visitantes más asiduos del Valle del Nalón; de hecho aquí se desarrollaron las Jornadas estatales de 2014, que incluyeron la reedición del libro de Manuel Grossi sobre la Revolución del 34.
Padura con la Fundación Andreu Nin
Siguiendo con el comportamiento misteriosamente puntual cinco minutos antes de las 12, hora de salida del tren minero desde el Cadavíu, estábamos todos sentados ordenadamente, dispuestos a dejarnos sorprender por la magia del paisaje. Me toca el último vagón, con Fernando López, que es el alma de otra semana negra en la Córdoba argentina y con Daniel Mordzinski, que no es polaco, sino compatriota de Fernando; hace un reportaje para El País y firma “La última…” en "A Quemarropa”, órgano oficial de esta “Disneylandia para jóvenes troskistas”, según reza un editorial. Me pregunta cuál es el mejor momento de luz del viaje y le digo que sin duda la sala de máquinas, la catedral industrial. Sin embargo, arte es arte, consigue magníficas instantáneas con la no luz de la galería.
De pronto un nuevo enigma: el tren se para de golpe…segundos de estupefacción…nadie da explicaciones (parece Vueling, esto)…por lo menos estamos fuera de la galería, el buen sol nos alumbra…Al día siguiente una periodista publicó que fue debido a un cambio de vía. Error. Yo había bromeado con que alguien tiró de la palanca roja de alarma por curiosidad infantil. Casi; se dice el pecado pero no el pecador: un ciudadano con acento porteño nos explicaba que abrió una puerta para asomarse a ver mejor la parte delantera del convoy; el mecanismo de seguridad lo frenó  inmediatamente. Misterio esclarecido.

Daniel organiza la foto de familia en el Pozu San Luis
La gente que no conoce la mina se asombra con las explicaciones de la guía. Las instalaciones, bien conservadas, son suficientemente fotogénicas. Luego se añaden los que vienen del acto de La Felguera y disfrutamos de una espicha que sirven Chisco y sus colaboradoras. Tiempo después para hacer tertulias: sobre la mina, sobre la pervivencia del asturiano, tebeos, letras, política…Y a las cinco en el bus de vuelta, que enseguida hay que estar en las carpas en Gijón presentando libros o atendiendo a los lectores.
Felicitaciones a la organización, lamentaciones porque nadie de la corporación municipal haya subido a La Nueva, y despedidas en la esperanza de repetir el año próximo. En ello estaremos, si la Semana negra no es aplastada por sus enemigos.

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