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El gato que leía a Feijoo



Me adoptó. Cuando uno llega al territorio de un gato no sabe si va a ser aceptado; yo tuve suerte, Marta tenía las obras escogidas de Feijoo y me puse a ojearlas, se sentó a mi lado y estuvimos juntos viendo la prehistoria de la Ilustración. Posiblemente me considerara un humano pacífico, porque, al contrario, cuando vio aparecer a Santidós, en aquella época con seis años, se esfumó y no hubo forma de dar con él hasta que se acabó la visita. Privilegios de gato, ¿cuántas veces no tiene uno que soportar visitantes indeseados?

Como tantos jóvenes asturianos se convirtió en “leyenda urbana” y tuvo que emigrar. Nos tocó llevarle en avión, que no le gustó nada; no sirvieron de mucho los calmantes, lloró algo, pero se portó como un cuadrúpedo valiente. La vida en Palma le resultó grata, incluso engordó más de la cuenta. Puede que no le gustase que lo comparara con Garfield, pero jamás me reprochó la broma.

Después de lo de Feijoo compartimos más lecturas, de todo tipo, vivía con gente letrada; pero donde prefería saludarme era en la cocina. En el momento de hacer la cena se convertía en un peligro, merodeando mientras trapicheábamos con las sartenes; en más de una ocasión en el pecado llevó la penitencia, algún pisotón involuntario que le hacía protestar airadamente; en todo caso su favorita era la hora del desayuno, cuando a base de insistencia se ganaba un poco de jamón york o de su preferido, el pavofrío. En eso nos parecíamos, el disfrute de sesenta minutos de tranquilidad, comiendo ligera, pero seriamente, mientras vemos por encima el periódico.

Fuera de eso él hacía su vida, sin meterse en la de los demás; como mucho asomarse de vez en cuando a controlar si todo, todos, estábamos en orden, y seguir a lo suyo "Mi gato nunca se ríe o se lamenta, siempre está razonando”, dejó dicho Unamuno. Cuando estimaba oportuno proponía compartir mimos.También es cierto que no le gustaban las ausencias; cuando le dejaban solo sin avisar solía vengarse vaciando los cajones de los calcetines. Pequeña, inocente venganza para llamar la atención.
Últimamente leíamos menos, yo creo que fue “La mujer loca”, que nos hizo reir lo suyo con eso de que en época de crisis lo primero que deja la gente es la Filología y los langostinos; pero ya le fallaba la vista, y hoy, por fin, ha cubierto su ciclo vital.

 Folki ya no está con nosotros; Marta y David, -su familia directa-, le han cuidado con mimo hasta el último minuto; en estos días duros han gestionado juntos algunas lágrimas. “Causas del amor”, analiza Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, monje benedictino, en un largo artículo, lleno de preguntas, “¿Por qué siendo los hombres de una misma naturaleza, uno ama a una cosa y otro otra?”, y se detiene un tanto, con su característica erudición, a hablar de personajes históricos que han tenido cariño a sus animales. Algunas personas se procuran mascotas para poseerlas, para mandar sobre ellas, para saldar sus frustraciones; otras quieren tener animales por compañeros de vida, para compartir cariño. “La alma generalmente apetece y se inclina al gozo de lo que la deleita”.

Borges:
Tu lomo condesciende a la morosa 
caricia de mi mano. Has admitido, 
desde esa eternidad que ya es olvido, 
el amor de la mano recelosa. 
En otro tiempo estás. Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño.




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