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El Popular quiere mejorar


Me escribe una persona del Banco Popular, Departamento de atención al cliente, que firma de manera automática, pero no se identifica, “lamentando profundamente los trastornos que de forma involuntaria me han originado”, al tiempo que agradece que les haya señalado sus errores, para corregirlos. Buena voluntad, sí señor. O no, que diría Mariano.
Empieza todo esto en el verano, cuando recibo el panfleto que ilustra este artículo. Las funcionarias de Correos desde Madrid hasta Langreo, pasando por los centros intermedios de clasificación de correspondencia, han tenido nítida noticia de que el señor que figura en la dirección particular, claramente escrita en la portada, ha sufrido el bloqueo de su tarjeta Visa. Espero que la vecina del cuarto no se haya enterado de que he perdido todo mi crédito en esta prestigiosa entidad bancaria, mi reputación financiera por los suelos; máxime si se da cuenta de que el Banco hace referencia a un decreto que regula la llamada Ley de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo. Ella, que ya desconfiaba de mí porque leo libros.
El 16 de septiembre les escribo quejándome de que mi nombre y dirección anden de mano en mano y les comunico que no pueden cancelar lo que no existe, puesto que ya había dado de baja la tarjeta muchos meses antes, en carta dirigida a Viajes Halcón, debido a la ineptitud organizativa del banco. Dieron a ello un tratamiento protocolario, con apertura de un expediente y un par de escritos previos a este último, explicándome todo el proceso. ¡Profesionales!
Ayer, por fin, más de un mes desde mi carta, me comunican que ya lo han resuelto, ¡qué peso me quitan de encima! Ahora bien, no han entendido nada, veamos: “nos manifiesta su descontento por el bloqueo de su tarjeta de crédito”. Incorrecto, ellos no bloquean nada, el citado documento había sido desechado por mí, por su inutilidad; la queja, que no han querido entender, era por usar medios de comunicación que atentan contra la privacidad y que suenan a chantaje. Usé exactamente esa palabra, pero han preferido no tomarla en consideración, no dedican ni una sola línea de rectificación a sus métodos.
No son perjuicios causados “de manera involuntaria”, en absoluto. Se trata de una campaña encargada a una empresa de publicidad, con elementos comunicativos caros, franqueo concertado y su correspondiente referencia, 0L/DNI/07.15; por ende, aprobada por sesudos varones bancarios,  no es en absoluto una ocurrencia de un inexperto becario.

Podría quizá aceptar su propósito de enmienda, así que me entretengo, con toda mi buena voluntad, en leer con detalle las seis páginas que adjuntan a su amable misiva, y me encuentro la tajante prueba de su genuino interés por los clientes: Se trata de dos cartas, una a Adicae Galicia y otra al Banco de España, junto con las copias de pantalla de una serie de operaciones, - oficinas 0238/8209 y 0075/7202-, mediante las que quieren demostrar que han actuado correctamente y no han cobrado de manera indebida comisiones a un ciudadano a quien no tengo el gusto de conocer, portador del DNI 75… cuyo nombre completo corresponde a las siglas LJFTG, que ha tenido la mala suerte de usar las tarjetas Visa Hop, Visa Master, Visa Classic, Punto Oro y Solred Colectivos, en operaciones con el Banco Popular. ¡Como para quererlos!

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