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El Ágora de la Poesía



El otoño me ha metido en casa, y hasta lo agradezco, porque tenía que poner orden en los muebles, en la nevera, en los libros y en las cuentas bancarias de Suiza; si no fuera por el tiempo revuelto tampoco, probablemente, me pararía a escribir estas líneas, yo que no hace mucho titulaba un artículo en estas páginas Maldigo la poesía.
Pero intento cumplir la palabra, es lo único digno de valor que poseo, y le había prometido a Ramiro no solamente acudir a otro Ágora, sino, en el colmo de la intrepidez, leer. Me suministró una buena disculpa, la presentación del primer libro de tan original evento en el Ateneo Varillas, cuyos socios tanto se mueven.
Nunca se edita a gusto de todos, el número de páginas no tiende a infinito, o sea que también en este segmento de la población hay disputas; ahora bien, en la molesta opinión de un  ignorante (Insolvente, diría Fernando Montes), es un ejemplar bien editado, plural, agradable; que se puede leer, vaya. 


Abrió la fiesta Ingrid Da, pianista, lituana y viceversa; luego Sandra Sánchez y la Campesina prologaron, para que Toño Morala hiciera un alarde de buen lector y un impresionante ejercicio de ecumenismo poético: recitó una composición con un verso de cada uno de los autores. Ramiro explicó por qué la edición no es exquisitamente perfecta y luego ya siguió el recital, salpicado con intervenciones musicales. Combativo, en general; en lo literario y en lo social.


Asunción Carracedo me ha regalado un marcapáginas con corazones; nos los ha regalado y Empieza el poema, que abre el mundo, que amenaza el tiempo. Luis Artigue mece el recuerdo, Voy a dejarte escrito este poema/antes de que se enfríe. Te escribo raudo/ en esta habitación color memoria. Desde la vocación de payaso de Ramiro Pinto, (siempre lleva una nariz de goma en el bolsillo), ¡un payaso de cristal/que no se rinda/en las luchas/que nunca empiezan! pasamos a la canción del pirata del siglo XXI de Marta Muñiz, La lluvia sin fin no nos detuvo/y nunca hemos temido la batalla, que también tiene tiempo para la Maternidad, Cada mañana se visten de coraje/no miran el espejo/se asoman a la vida. Otros, como Fernando Montes se preguntan qué han hecho en todo el día, Sólo se amar, no sé hacer otra cosa, para comentar que cuando está ocioso se dedica a escuchar música aplicadamente, Se me da muy bien escuchar música; una desocupación que comparto, Die Zauberflöte, incluida. Silvia Abad se pelea con el reloj, como este puñetero que suena a mi derecha, que lo conservo porque era del abuelo (tic, tac, tic, tac y se para… había predicho Sandra), pero me deja un poco así, Enloquecer es lo único cuerdo que he hecho. Demasiado cansada para preocuparme, demasiado preocupada para dormir.
Se me ha hecho tarde para la vida…Eugenio Marcos habla del Estigma del hambre. No figura en el libro, pero se nombra a los mineros del Pozo Emilio en su aniversario. La vida es a veces un poema inconexo, afirma Charo Martínez, falto de ritmo. La vida es, a veces, un poema                                                                                                                                   Inacabado.                                                                                                                                                                                                        
Aparta de mí al experto. Todo experto, por definición, no tiene más idea que la de agradar al que le paga, según Zapico, Felipe, que anda en arrojar la mano y esconder la piedra. Pablo Guisado también anda, Errante. Andar, correr, quizás volar. Otro Felipe, Piñeiro, No suplicará. Rondaré los conflictos como una piedra, duro, inamovible, pero mis rodillas nunca tocarán el suelo. Alfredo García nos habla de piedras monumentales, pero se distancia en busca de un recodo de paz. Sé de un lugar sagrado, aquí en mi tierra, donde se puede escuchar el silencio del cielo. Mientras Chus de la Fuente advierte con Desolación que Se desangra Palestina; y no sólo, que aquí también es Tiempo de verdugos. Nos quitan el techo, el trabajo, el pan. Juanmaría García Campal enfatiza, A nadie debería faltarle, ¡Jamás! pan en la casa. Así que Rubén Belial pierde la calma y clama a la pólvora, Vuela cartucho, vuela hacia la máscara.
Salvador Negro tranquiliza el ambiente, Esas tristes terrazas de verano. Iñaki Hernán, reconoce que pueda resultar aburrido, No he sabido ser sal; claro que en las terrazas no siempre te encuentras, Cuando yo estoy, tú te vas/ y si me buscas, yo me he ido, dice Ana del Río y por ello cambia de ocupación, dibujando ahora otros cuadros/ que se pintan con palabras. Charo Acera, Si lo piensas/ nada importa/tanta búsqueda Chema García, ¿Cómo quieres que te llame, si tu nombre es Libertad? , es decir, dejemos fluir la imaginación.



He intentado imitar a Toño, no tengo capacidad para ello, lo siento, así que cierro con las palabras de mi heroína, Thais, trece años, frecuentadora del Ágora, sonrisa valiente, -mañana no acudirá porque sale con las amigas a celebrar la noche de los muertos-. "Puede que no lo consiga, pero lo intentaré".

Al día siguiente paseo por León, despedida del editor Xavier de Tusalle y sus acompañantes de Madrid, previo paso por las librerías (bien, de ventas); el museo de la romanización, las barbaridades escultóricas municipales junto al Arco de la Cárcel, las rejas premonitorias de la Diputación (el del Boulevard me dice que que vale más que suelten a los que están dentro, son menos peligrosos, robagallinas) y el vermú con Melchor, de Casasuertes, allá para la parte Burón. Yolanda organiza como puede el caos doméstico y enseguida llegan las diez de la noche; cargados con las chocolateras, las calabazas, el trípode, la mesa, los bizcochos, los carteles, los rotuladores, los paneles, los vasos de plástico y un megáfono, por si acaso, pasamos la Rua, la Plaza de las Palomas y avanzamos por la Gran Vía de San Marcos hasta el anfiteatro. XVIII Edición del Ágora de la Poesía, año y medio reuniéndose el último viernes de cada mes para recitar o ser recitados, un milagro. Y el permiso ha sido concedido por un siglo, o sea que quedan versos para rato.







Los autores me firman en el libro dedicatorias cariñosas; una me escribe “poeta” y le digo que a que no se atreve a decírmelo a la cara. Pasamos dos horas divertidas, con poemas leídos, recitados o susurrados, con chinas y espontáneos incluidos. Como había prometido leo, en asturiano, para que quede claro que aquí caben todos los idiomas. Lección de gramática, de Berta Piñán, que la escuché por primera vez en Mallorca, acompañado de mi hija y su marido, exiliados, y de un matrimonio rumano, a un conjunto formado por percusionista caribeño, guitarra español y recitadora argentina.

¿Cómo se diz en oulof la palabra frontera, la palabra patria?
Y en soniké, ¿Como-y llamais al desamparu?
Si queréis decir en bereber, por exiemplu, 
“yo tuvi una casa nun arrrabal de Rabat”, 
¿ponéis nesti orde la frase?
Cómo se conjuguen en bambara los verbos que lleven al norte,
¿qué axetivos-y cuadren a la palabra mar, a la palabra muerte?
Si tenéis que marchar,  ¿ye la palabra adiós un sustantivu?
¿Cómo se pronuncia en diakhanké la palabra exillu? 
¿Hay que xuntar los llabios? ¿Duelen? 
¿Qué pronome usáis pal qu’espera na playa, pal que regresa ensin nada? 
Cuando señaláis p’allá, pa contra casa, ¿qué alverbiu escoyéis? 
¿Cómo se diz na vuestra, 
na nuestra llingua
La palabra futuru?


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