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Por las tierras de Isabel



Se arranca a las siete y media de la mañana; la etapa va a ser larga y un sector tiene miedo que el sol abrase. Hace bastante frío al inicio, prefiero no mirar el termómetro. La amable gente de Agrupame ha tenido que madrugar casi tanto como nosotros para abastecernos de leche caliente con unos termos de procedencia militar. Hay aquí al lado, recuerdo, un cuartel de artillería de campaña que se va deteriorando sin que se le dé uso, ¡pues anda que no habrá familias sin techo!, o necesidad de espacios para estudiar, o de metros cuadrados para investigadoras, o despachos para pequeñas empresas; de momento sólo se les ha ocurrido ceder unos metros cuadrados para aparcamiento. Hemos visto salir el sol, pero me da la sensación de que el resto de seres vivientes siguen guarecidos en sus cubiles; en tierras de hacendosas cigüeñas la única que he visto está en un anuncio. Cuando tomamos camino un cartel nos recuerda que estamos a un paso de Madrid, lo que ayuda a rebajar el mal humor por el madrugón y el desayuno al aire libre, con la helada; por delante nos esperan bastante más de treinta kilómetros, de nuevo por caminos rurales, o sea, "¡otra vez les putes piedres!"



 Desde el principio se marca un ritmo difícil de mantener, mitad producto de cuerpos descansados, que no llevan etapas desde Asturies, mitad producto de mentes irresponsables; mañana os haré un recuento de las bajas y nos reiremos juntos, pero ahora nos martirizan. Uno de los primeros en quedarse atrás es el amigo Ramiro, con una voluntad tan grande como su volumen corporal; una vez más me quedo a su lado para que no se desmoralice y seguimos a nuestro paso hablando de Literatura, con mayúscula.
Nuestra paciente marcha tiene un premio imprevisto, antes de llegar al punto de aprovisionamiento nos encontramos un padre y un hijo adolescente cazando con hurones; el trabajo de estos bichos de dientes afilados es hacer huir a los conejos fuera de las madrigueras, donde caen atrapados en la red que tapa el acceso. Nos enseñan dos clases de hurones y un gazapillo que han cogido, nos explican su actividad con detalle y por fin nos dicen que subamos a su coche; para nuestra desgracia en ese momento llega Tino a rescatarnos, si no lo mismo nos quedamos a comer con ellos.
En Ataquines reponemos fuerzas por el bocata y porque llega el vehículo que trae a nuestros familiares desde Langreo (segundo Día de la familia en el campamento); Juan se lo deja a los chavales del Entrego, que están un poco cansados, los cuatro visitantes se incorporan a caminar con nosotros. Las heridas de los pies se están cerrando con pulcritud, no hay que preocuparse por ellas, pero estas piedras exigían otro tipo de calzado; se me clavan en las zapatillas de carreras que tan bien me habían ido hasta ahora, y el dolor me hace pisar mal, consecuencia: sobrecarga de tendones en la rodilla derecha. Me subo al coche cuando faltan diez kilómetros, por prudencia. Ante el polideportivo de Arévalo hay un hospitalillo de campaña montado por protección civil, con trece personas de la rama sanitaria; la chica que me atiende me ratifica que el pie está cicatrizando perfectamente y me masajea el tendón para hacer desaparecer un nudo bien molesto.Le doy las gracias y me cuenta que en la última marcha minera querían llevársela hasta la meta, "le decían a mi marido, déjanosla hasta Madrid".





Me he quedado sin fuerzas; hacía tiempo que no tenía una sensación de derrote tan terrible. Soy incapaz de escribir una línea; como la lentitud de Internet sigue siendo desesperante, volvemos a tener retrasos en la información. Entra la Marcha en Arévalo detrás de la pancarta de Adepavan, apoyada por la población local que ha querido acomapañarla, desde el Puente de Medina hasta el polideportivo, pasando por el casco antiguo. Diario de Avila y TV Castilla León han enviado equipos a cubrir la noticia. La organización de la llegada corresponde a la Asociación de abulenses sin empleo (ASE); en los aperitivos ofrecemos quesos asturianos y sidra que nos han traído las visitas, el afuega'l pitu, el cabrales y la pata negra tiene un éxito inenarrable.



Paseo vespertino por la ciudad; una parte de la Marcha participa en una asamblea abierta ante la Puerta del arrabal; como no es difícil de calcular, toma la palabra un provocador local y empieza diciendo que es una falta de respeto que le hayan tapado la cara a la efigie de Isabel I, luego cuenta otras lindezas que, traducidas a román paladino, llaman vagos a los asamblearios. Fuerte polémica.

Isabel de Castilla está muy presente en estas tierras, Tordesillas, Medina, Arévalo o Segovia, son parte de su ruta vital; ahora que la tele la ha vuelto a poner de moda, aprovecho para recordar que algunos quisieron santificarla, aunque seguramente los sefaradim y los andalusíes no estarían muy de acuerdo.





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