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Miguel


Se presentó en la asamblea que se estaba desarrollando en Ceinos de Campos, en uno de esos momentos en que el tumulto puede a la razón. Educadamente, casi pidiendo perdón, ofreció su casa, "porque yo he sido un obrero toda la vida y tengo que ayudarles a ustedes que están trabajando por una causa justa".

Buen castellano, mide las palabras; pese a que le he insistido, sigue tratándome de "usted" durante toda la conversación. Pedro me había advertido, en su presencia, que no le gusta dar publicidad al hecho, él me pone, como única condición para hablar, que no mencione a su familia; sus hijos e hijas, sus nietos, de los que tan orgulloso está. Preside la entrevista un retrato en blanco y negro de su mujer a la edad de 21 años, una belleza serena, habla de ella con emoción y respeto; me han traído a su casa Lourdes, -por trabajo sólo puede venir los fines de semana-, y Carmen, que fueron las primeras en tratar con él ayer; y Pedro, que gozó de su hospitalidad.
Él le quita importancia a su gesto, aunque nosotros, en tarde que empezaba a refrescar, recibíamos su ofrecimiento con sorpresa: "...dos camas matrimoniales, una individual y una habitación con dos camas; total, los hijos no van a venir hoy..." Considera que entre las personas que vivimos de nuestro trabajo debemos ayudarnos.
No usa términos grandilocuentes, tiene un lenguaje parco a la par que preciso; cuando se dirige a la familia no utiliza posesivos, habla de "la" mujer o "del" hijo; hace tiempo que aprendí a fijarme en este detalle de la gente sencilla de la Meseta. "El hijo mayor es abogado, muy buen abogado; se ha especializado en las separaciones y eso; ya le digo que es el abogado de los pobres, porque le deben una de dinero...Claro, muchas veces vienen mujeres de fuera y ¿qué les va a cobrar?, ¡si en ocasiones tiene que darles él algo de dinero!". Otro hijo es agustino, profesor en Salamanca, formador internacional de talentos religiosos; "la chica trabajaba en Madrid, un buen puesto en una oficina, mandaba a unas doce personas, pero andaba de novia con un chico de aquí, buen chico, y muy listo, no necesita llamar al veterinario, él sabe las mezclas de pienso muy bien. Y se casaron, les dejé tierras y tienen una buena ganadería, trabajan mucho. Yo le dejo la tierra y ellos me pasan la PAC...Tengo 85 años, siempre he sido obrero del campo, por cuenta ajena; mi padre me dejó unas tierras y yo he ido comprando otras poco a poco, pero, mire usted, por cinco pesetas que no cotizaron por mí, al final me ha quedado una paga de 625 euros; bueno, 631'50, para que el diablo no se ría de la mentira; más de 300 se me van en calefacción, que está el gasoil..."
Podríamos quedarnos toda la mañana, una semana, pero la Marcha exige que vayamos cortando. "Mire usted, yo fui concejal, cuando eso de la Transición; por el Tercio sindical, a mí me votaron los obreros, yo siempre he sido un trabajador por cuenta ajena. El caso es que tenían todos carné de Falange, vino a vernos uno de los que mandaban, un señor muy serio, siempre con sombrero; coge la lista y me mira así y me dice, 'Miguel, veo que usted no está cotizando a la Falange', 'Pues no señor', me dice que me va a enviar el carné a mi casa y yo le digo que no, que no quiero ser de nada, '¿por qué tengo que ser de Falange?' Entonces como que me amenazó, entonces le dije que si tenía que apuntarme allí mismo dimitía; el alcalde, un buen amigo mío, me dijo 'hombre, Miguel, déjalo así', pero no me gustó a mí eso de tener que coger el carné. Luego lo encontré en Valladolid, yo iba con la mujer y él con otro señor, y la mujer me cogía así..." El jefe de Falange le reconoció, le comentó que las cosas iban mal y se iban a poner peor; "¡por culpa de ustedes!"  Hila la conversación con precisión de bordadora, "mataron a un hermano de mi padre porque era de un sindicato obrero, a mi padre no le mataron porque trabajaba en las fincas del alcalde" (Me sorprende que aquí diga "mi" padre).
Luego empieza a desgranar los nietos, "muchas veces vienen por aquí, por las habitaciones que ustedes han visto y preparamos aquí, en...¿quieren verlo?...hemos llegado a juntarnos veintisiete a comer". Nos enseña con poco disimulado orgullo la foto del novillero que todavía no ha llegado a tomar la alternativa, pese a estar en la Escuela de Salamanca. "Es muy bueno, pero todavía no ha matado toros, porque como no es de Salamanca...Los de Salamanca, dos chicos que empezaron cuando él, hace ya dos años que matan toros".

Todavía nos ha de venir una sorpresa, Lourdes le había hecho notar que tenían el mismo segundo apellido, llama a su madre para comprobar un dato y se lo comenta, Miguel establece las relaciones muy rápidamente y le amplía los detalles: "Sí, hombre, que le decían Siso, estaba para Santiago de Compostela. Yo he ido varias veces a su casa..." El padre de Miguel y la abuela de Lourdes ¡eran primos!

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