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Las manchas de la Dignidad


En un principio debería ser éste un artículo jocoso, una colección de los lamparones que hemos ido recopilando en dieciocho días de caminata; para ello diferentes modelos habían posado con sus mejores logros. Por cierto, el color de las camisetas oficiales de la Marcha, como ya habéis visto, es el amarillo, muy parecido al color ONCE; en este momento el personal de la organización de ciegos de Langreo batalla por conseguir que no se cierre la Delegación, con huelga incluída. Un saludo desde San Rafael, en especial para Cristina, Javi, Mª Angeles y Amelia.
La rémora. Es un pececillo parásito que se adhiere a los grandes para desplazarse a distancias importantes y comer las sobras de su alimentación; no hace daño a su anfitrión, que incluso puede obtener algunas ventajillas de la asociación. Hay en cambio parásitos que provocan averías serias en sus receptores, llegando a causarles la muerte. La Marcha, la Dignidad, pueden verse manchadas por determinadas actitudes; que unas personas que la componen, por su cuenta y riesgo, entren en una sucursal de Bankia e insulten a los trabajadores, manchan la Marcha; que un caminante se porte de manera grosera con quienes nos acogen, mancha su propia dignidad; que se falte al respeto a quienes nos invitan, no es de bien nacidos. Ser radical no es ser mal educado, ser rebelde no es ser grosero, ser el más guarro del barrio no te hace ser más anticapitalista. Esta clase de actitudes facilitan, además, la tarea a las fuerzas interesadas en que no lleguemos a Madrid. Estaremos vigilantes para evitar las provocaciones.
Antes de volver a los recorridos señalar una buena noticia científica: en la estación polar Admunsen-Scott (¡cómo me gusta el nombre!) cree haber descubierto datos de la radiación cósmica de fondo, fundamental para relacionar Física cuántica y Relatividad. ¡Enhorabuena! y que las tesis se confirmen.

Desayuno en La Panera

 
Asturianos en Villacastín
¿Qué animal es éste?



Esta mañana salimos de Villacastín con una puntualidad encomiable; en la carretera general observamos un pub inequívocamente asturiano, y ya el paisaje de la sierra, más agradable para caminar, aunque las cuestas pesen en las piernas. Por segunda vez dejamos colgada a Radio Langreo, falla la cobertura en el momento de la conexión. Curiosidades de la fauna en las fincas adyacentes, "¡mira, una avestruz!...¡qué va, ye un ñu!...no, hombre, que el ñu ye como un toro!"  Sea lo que fuere, el bicho nos hace demostraciones de carreras alocadas en plan Correcaminos; un poco más adelante parece que encontramos la solución, "¡ñandú!" (La persona que vea la foto y nos lo aclare recibirá de premio unos calcetines de caminante varón bien rodados) Como quien no quiere la cosa llegamos a San Rafael, cinco horas y media para veintidós kilómetros con estrambote; en algunos pueblos el recorrido interno hasta el polideportivo añaden dos o tres mil metros de nada, con rampa final incluida, como prueba de fuerza para andarines. Hago la foto de la llegada con lo que me dicen es la bandera histórica de Cantabria. Siesta en el verde de la piscina, de la que me despierta Poli al grito de "¡van comemos les pulgues!"; una falsa alarma, es sólo ironía; a la noche asamblea para discutir posibles variaciones de itinerarios (ya se nota la mano del gobierno poniendo problemas), mientras tanto escribo y tomo un caldo de sobre que me sabe casi como el de marisco del Gaucho. Buenas noches y buena suerte.





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