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De León a Mansilla de las Mulas



Precalentamiento: a las 9 de la mañana, en la acera de las piscinas de Navatejera hay discusiones; la columna asturiana y la galaico-lacianiega-berziana tienen diferencias. Debates de esos en los que todo el mundo habla y nadie escucha. Calientes los ánimos, hacemos una parada en el centro de León, sucursal de Bankia, pero no a saludar, sino a denunciar un intento de desahucio.
Recorremos la ciudad repartiendo información, mientras enfriamos ánimos y el sol calienta los huesos; en el barrio de Santana me paro ante el único monumento mundial a la memoria de Buenaventura Durruti, -leonés, dato poco conocido-."Hálito Durruti", de Diego Segura, tiene una placa dificil de leer, ya ha sufrido multitud de atentados de andar por casa; Ramiro estuvo afiliado a CGT, me  hace ver los pétalos y me comenta que
es la flor de la Libertad. Entre pitos y flautas no salimos a Puente Castro hasta las once la mañana; claro que la tropa coge la marcha enseguida y con buena velocidad de crucero  nos plantamos en el Puente de Villarente sin enterarnos, y en nada estamos reagrupando filas en la entrada del puente de Mansilla de las Mulas, donde nos espera la población.
Se conoce hoy a Mansilla, -una lástima-, por la cárcel, a donde fue a parar Fernando, el militar criminal que en 2000 arrancó los ojos a Cristina dejándonos a todos con el corazón de esparto. En sentido contrario un leonés, Daniel Villafañe García, se niega a salir de prisión terminada la pena, en tanto no reconozcan que no ha asesinado a su novia; en diecinueve años de condena hizo dos huelgas de hambre.
Hablemos de la parte más amable del pueblo. Es conveniente pasear por la Plaza del Grano, que ganaría bastante si no se permitiera aparcar, -hay sitio en el entorno-, y se suprimiera el horrible edificio que rompe la línea porticada; buen ambiente de vinos a la tarde y buena cocina casi en cualquier parte.




A las seis asamblea, donde se repiten las discusiones de la mañana, pero esta vez en conjunto; es bueno soltar los demonios. Luego algunos salimos a pasear por el pueblo en el ánimo de cenar fuera del campamento; Carmen y yo, con la orientación de un sherpa local de procedencia astur, y previa parada
en el Mansillés, disfrutamos de los platos, altamente recomendables, bien de precio, de La Curiosa.






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