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Lévy, 1948 y la obscenidad


Se presenta a sí mismo como filósofo, posiblemente gane unos euros escribiendo en periódicos que solemos tener por serios, sin embargo emprende cruzadas ampliamente sospechosas. Hasta no hace mucho defendió con quijotesco ardor la causa de aquel jefazo del Fondo Monetario Internacional que en su tiempo libre quería holgar con una camarera de hotel en New York; dejó quieta la pluma después de que en la propia Francia el mismo personaje fuera acusado de dos violaciones y de participar en orgías con prostitutas, empresarios y otras gentes de dudosa fama.

Bernard Henri Lévy vuelve ahora a otro de sus temas recurrentes: la defensa de la política oficial del Estado de Israel contra los pérfidos palestinos; “Obscenidad”, titula su artículo en El País y empieza firme: Pongamos los puntos sobre las íes; a partir de ahí empieza a contar la historia desde el punto de vista de los buenos: En 2005, a iniciativa de Ariel Sharon, el Tsahal (Ejército israelí) evacuó Gaza unilateralmente y sin condiciones.
Como los del Barrio somos un poco paletos y bastante puñeteros se nos ocurren preguntan tontas, ¿qué hacían allí?; por lo poco sabemos que la ONU se había pronunciado repetidas veces contra la ocupación militar y contra los asentamientos ilegales de colonos judíos; sobre terrenos robados, subrayo. Continúa argumentando: La gente que lo administra…no tiene con el antiguo ocupante, ni por asomo, un contencioso territorial como el que tenía, por ejemplo, la OLP de Yasir Arafat. Esta misma argumentación, y no es casual, la hace otro Sharon, Gilad, hijo,-los apellidos se cruzarán varias veces en la actual historia hebrea-, que gritaba desde las páginas de The Jerusalem Post: hay que arrasar a todo el vecindario de Gaza, para luego poner como ejemplo pacificador las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ¡amistades que tiene el filósofo!. Sin embargo no se ponen de acuerdo sobre la legalidad de Hamas, el Sr. Lévy la niega, el Sr. Sharon la reconoce, justo para usarla como prueba de cargo contra la población gazatí: no pueden ser víctimas inocentes puesto que votaron a una organización terrorista. Igual que si ahora Rajoy manda volver a incendiar San Sebastián porque ha salido elegido un alcalde de Bildu (Bueno, mejor no doy ideas).

En el borrador del artículo había escrito unos breves apuntes sobre los últimos sesenta y cinco años en Oriente Medio, pero es preferible dejar hablar a los protagonistas. Yoram Kaniuk es un escritor hebreo que se ha hecho famoso por varias originalidades, una de ellas fue su victoria contra la política teocrática al conseguir que le retiraran la religión del carné de identidad. En 1948 fue soldado, herido gravemente por defender la causa judía contra los árabes, pero es capaz, al día de hoy, de pensar en el enemigo. Aquella guerra, la del 48, fue muy dura para los israelíes, pero terminó en victoria. Para los palestinos fue la Nakba o el desastre. Unos 800.000 palestinos tuvieron que huir, escribe Ana Carbajosa, que habla del libro de Kaniuk. A punta de fusil los sacaron de sus tierras, de su hogar; los mismos que habían sufrido el horror de los campos nazis de exterminio expoliaban ahora violentamente a otros seres humanos. Yoram asegura que vomitó ante lo que veía: Aquél fue el inicio de la tragedia. Los supervivientes del Holocausto echaron a los árabes de sus casas.
 Más paralelismos dramáticos: La semana pasada, igual que sucediera hace cuatro años, casualmente en época pre-electoral aunque el filósofo Lévy no quiera verlo, un Netanyahu (Regalo de Dios, significa), nieto de rabino, hermano de héroe caído, hijo de militante sionista, ordenaba bombardear Gaza. Su padre, Benzion, había cambiado en su momento la política por la historia, publicó trabajos sobre los sufrimientos del pueblo judío a manos de la Inquisición; particularmente conocida es la polémica que originó su tesis central en “Los marranos españoles según las fuentes hebreas”.
El término marranos, entre nosotros despectivo, procede del hebreo maramusim (en singular mumaramus), conversos forzados. Explicaba Benzion Netanyahu que, obligados por la monarquía a convertirse, no mantuvieron su fe, sino que se adaptaron al cristianismo y ocuparon importantes cargos políticos, financieros e eclesiásticos. Debatió el asunto, al parecer en términos muy duros con Sánchez Albornoz; remató una de sus polémicas con la siguiente frase: …mas no hay que callar la verdad como la vemos, si queremos que la erudición apoye ideas auténticas de nuestro pasado y nos sirva de último refugio frente a los prejuicios que infestan la mente humana.
Bernard-Henri Lévy se dice filósofo, de esa elegante y culta escuela francesa, debería ser amante de la erudición y de la verdad; los datos son significativos, esta última escaramuza en la bloqueada por tierra, mar y aire Franja de Gaza, arroja el siguiente marcador: Israel, 5 muertos-Palestina, 164, en un cálculo escaso al que se deben añadir para este bando 1000 heridos y 200 detenidos por entrada de soldados hebreos en terreno ajeno; entre los presos hay 5 diputados de Hamas. Uso las propias palabras del filósofo: Ante este espectáculo de cinismo y mala fe…ante la inversión de valores que transforma al agresor en agredido y al terrorista en resistente…sólo cabe una palabra: obscenidad.

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