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Carta al embajador hebreo

   



Don Raphael Schutz se despide faltándonos al respeto.

Estimado amigo:                                                                                   חבר יקר     
Museo Judío de Atenas

Espero que me permita usar esta expresión, común en España, aunque no nos conozcamos de nada; me autoriza a ello, en parte, el hecho de que Vd. representa a un pueblo bien considerado por mí. Se va Vd. del cargo dejándonos un recado: “Estos días en los que finalizo en mi puesto y regreso a Israel son también días de reflexión personal y de resumen de una etapa...fueron épocas poco agradables en la Embajada y para los diplomáticos. También el hecho de haber vivido en carne propia parte del odio y del antisemitismo que existen en la sociedad española es algo que me llevo conmigo”.
Explicaba ya su sentimiento en otros escritos anteriores: “El desconocimiento personal del judío hizo que proliferaran los estereotipos. Se puede deducir hasta qué punto estos están enraizados por el hecho de que hasta hoy día expresiones como "hacer judiadas" son comunes y corrientes en el discurso español (de hecho su acepción aparece incluso en los diccionarios), así como por los elementos manifiestamente antijudíos en las procesiones religiosas de Andalucía y de otros lugares. Es más, muchos españoles de mi generación, nacidos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, me han confesado que siendo niños, cuando no se portaban bien, sus padres les regañaban habitualmente con expresiones como "no te portes como un judío", "escupir es de judíos", etcétera”.


Posiblemente algunas personas se habrán sentido ofendidas por estas líneas. No es mi caso, ya sabe Vd. lo que  dice el viejo refrán castellano: “no ofende quien quiere, sino quien puede”; sí me ha molestado, porque su pueblo no merece tener un representante con tal estrechez de miras y, sobre todo, tan poco diplomático, lo que no deja de ser una mala broma, dado su cargo.

En 1986, cuando se reanudaron las relaciones diplomáticas, tuve la ocasión de conocer Israel. Antes ya había descubierto su cultura, gracias a la riquísima tradición sefardita, después he seguido estudiándola con mayor atención. Eran años difíciles, acababan de devaluar la moneda, no abundaba el petróleo, todos conocíamos los asesinatos de Chabra y Shatila…Recuerdo con nitidez el mercado de Hebrón tomado militarmente, el registro para entrar en el Muro Occidental (las mujeres se quedan fuera, por cierto) y la preocupación en el hotel porque nos pasamos una tarde en las tiendas de la zona árabe de Jerusalén (los estereotipos: creían que habíamos sido secuestrados). Tampoco se me olvida que fuimos tratados muy bien por todo el mundo; repito: todo el mundo.

Es cierto que hacía falta dorar la píldora a los turistas; cuando nosotros salíamos desde Madrid andaba el Sr. Reagan bombardeando Libia, y el Sr. Gadafi, que hoy vuelve a estar de moda, había lanzado,  exactamente esa misma madrugada, sus aviones contra Lampedusa. La azafata nos preguntó si era un viaje de negocios, cuando le respondimos que eran vacaciones exclamó “¡vaya gustos!”

Pues sí, es un gusto conocer su cultura, la admiración como Pueblo del Libro, por ende leído, su capacidad para sobrevivir en condiciones adversas, su solidaridad de raza, su ingenio científico, sus pensadores. Y la maravilla de la lengua sefardí, la gracia de sus canciones:

Ladino, lingua de mi chikez

Su siyo ke yevo en mi

Me abrasa asta vejez

Kon todos de serka

Y leshos de mi

 Y la emoción con que me contaban aquellas historias de las familias toledanas que conservaban las llaves de sus casas y el milagro de que una llegó a abrir la puerta, ¡quinientos años después!

Dicen los entendidos en la conducta humana que hay tres formas de representar a  una persona: cómo se ve ella misma, cómo la ven los demás y cómo es realmente. No se confunda, puede que ya viniera predispuesto a sentirse ofendido.

Habla Vd. de prejuicios. Pues claro, pero no sólo con los judíos, sino también con los gitanos, con los rumanos, con los moros, con los negros… Y entre españoles, querido embajador, que hay catalanes que se quejan de los andaluces y madrileños a quienes no gustan los vascos, ¿o no se ha enterado? La estupidez humana, expresada en términos matemáticos, tiende a infinito.

Su pueblo ha sufrido mucho, por eso hay una corriente de simpatía generalizada; la Shoah es una vergüenza para el género humano, la expulsión de Sefarad una injusticia, los progroms rusos una crueldad. Pero eso no le da patente de corso, y nunca este término se aplicó con tanta propiedad, para hacer algo parecido con los palestinos. Y como somos amigos yo se lo digo a los ciudadanos hebreos, porque es signo de amistad corregir los defectos del prójimo.

Podría eternizarme escribiendo, la verdad es que no esperaba una carta de despedida de estas características, pero en fin, cada uno es dueño de sus actos y conoce sus obligaciones profesionales. Para terminar quiero usar textos de su/nuestra querida tradición, en homenaje a personas hebreas con quienes los españoles estamos en deuda.

Sefer ha Zohar, Moisés de León, siglo XIII, “Por todo el país, alrededor del mar de Galilea, el maestro Simeón ben Yohai, se paseaba con sus  discípulos. Algunas veces eran doce, otras tal vez diez…Todos le escuchaban atentamente, y el maestro dijo: “He aquí que yo veo las luces al otro lado de la cortina”

Vea Vd. más allá de la cortina, que tiene capacidad para ello, y vuelva a escribir en otro tono. Recuerde que Moisés de León también escribió sobre el camino al Paraíso, subiendo cielo a cielo, hasta siete, “Y levanté mis ojos de la oscuridad a la luz. Y llegué al Sexto Palacio, el cuál es el palacio de la Misericordia

¡¡¡Shalom!!!    
 Asturies, 17 de julio de 2011                                                       17 תמוז 5771



                                        
                  

Comentarios

  1. Deberías colgar aquí la respuesta recibida (si la hay) a esta carta.

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