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Quedan todavía 87 años de poemas en el Ágora de León

 


Ya hay que ponerle apellido, porque le han salido hermanas y primos en otras ciudades; sin ir más lejos hay un Ágora de la Poesía en Soria, otro en Guadalajara, en Alcalá de Henares y, claro, en la Casa de León en Madrid.

Es el caso que cuatro locos y locas un día de mayo de 2013 se plantearon hacer poesía en la calle; el pequeño anfiteatro de San Marcos era adecuado. Pidieron el permiso pertinente y el funcionario de turno se lo dio, sin caer en la cuenta de que, si no se señalan fechas, se otorga ¡por cien años!

Sólo trece van consumidos, hay poesía para rato, Si te apetece, el último viernes de cada mes, en torno a las nueve de la noche, puedes leer trabajos propios o ajenos. Libremente.

No es una fecha redonda, pero teníamos que estar en este aniversario, las circunstancias no nos lo permitieron en los últimos meses. Mereció la pena el reencuentro. Este artículo está ilustrado en su mayor parte por imágenes galantemente cedidas por Marcelo Tettamanti, uno de los fotógrafos de plantilla del Ágora[1], las distinguirás por la firma MOBT. (Gracias, artista)

Paco Fergar, fotógrafo, en imagen de Marcelo Tettamendi, fotógrafo

Abrieron pista tres de las personas fundadoras, Mara Ramos, Juan Carlos Yago y Ramiro Pinto, ante un decorado que nos regaló Carlos Cuenllas, profesor de Maristas San José (León). Los lomos de los libros recordaban a muchos de los poetas que habían pasado por el Ágora. Humildemente decía, “Fueron los alumnos de la ESO…” Se soplaron las velas (la vela) y se impuso la cuelga, símbolo leonés de cumpleaños.

Mara Ramos, Ramiro Pinto, Juan Carlos Yago

¡¡¡Cumpleaños Feliiiz!!!

De una larga lista de participantes[2], dieron los moderadores la palabra en primer lugar a Luis Carnicero, que defendió la práctica de usar papel y guiándose por su propia hoja leyó. María Victoria Rodríguez Otero, de Gijón, manifestó claramente “no soy poeta”, con lo que copió una de mis frases recurrentes en este foro, donde a todo el mundo le presentan como si lo fuera. Nos regaló una sentida recitación de La casada infiel de Lorca, con la que recordamos los tiempos de la censura franquista, que prohibía o recortaba las poesías. En las antologías del bachillerato no se podía leer que

En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos…

…Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montando en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

María Victoria Rodríguez Otero

Xavier de Tusalle es irrepetible. Artista polifacético, fue palanca de poetas, editó libros de personas que jamás en su vida habían pensado publicar. Siete antologías le debe el Ágora, más treinta y dos individuales; no es una marca insuperable, más bien un milagro. Se le rindió homenaje, por boca de Marcelo Alcalá, uno de sus editados.

Xavier Tousalle y Marcelo Alcalá

Javier Bolaños nos informa de la creación del Ágora de Soria. ¿Dónde? La Casa de los Poetas[3], lógicamente; ocupa la tercera planta del Casino Círculo Amistad Numancia, y no se recitaba regularmente.

JP se quejaba: “Un Ágora sin viento, lluvia, ni frío, ¡esto no es Ágora ni es nada!” Ciertamente, era de agradecer que las tradicionalmente gélidas piedras estuvieran templadas. Pero no era una comodidad del ayuntamiento, no te hagas ilusiones, era el sol primaverano.

JP de León; Bolaños, Soria

Otra voz singular es la de Felipe Santamarta; no es poeta, pero ama las letras. Y las piedras de León y el canto gregoriano y la flora de la montaña y las historias…Nos regaló una, que explica las razones del fin de la revista Claraboya[4], efímera luz de las letras leonesas durante la Dictadura.

Felipe Santamarta, erudito

Llegó Manuel Fraga Iribarne a San Marcos, parador de lujo antes dura dura cárcel; tuvieron el detalle de dejarle en la habitación el último número. Una poesía de José Antonio Llamas se titulaba “No amanece” y el ministro de Información y Turismo consideraba que agredía el himno de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS en que militaba, según el cual “en España empieza a amanecer”.

Dijeron que el mundo caminaba hacia una luz,
que todo estaba en su sitio.
Dijeron que detrás de la noche vendría el alba
y detrás
el amor.
Mas se alarga la noche y no amanece.
Trabajamos en la noche,
nos odiamos, caminamos
con los brazos en alto.
Despertamos en la noche y vemos sombras
de otras sombras que también caminan en la noche
y no amanece.

Quiso conmemorar Felipe que justamente en el día de hoy era el cumpleaños de Antonio Gamoneda, asturiano afincado en León, recitó en su honor “El río de los amigos” Hoy anduve la orilla del Bernesga. En otro tiempo, por aquí, nosotros fuimos lejos, amigos. Más duras fueron las palabras de Gamoneda sobre cuando San Marcos era campo de concentración:

 

“Sucedían cuerdas de prisioneros”,

hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.

 

“Esclavos”, llega a escribir Llamas, de aquellos tiempos en que los presos eran obligados a trabajar a mayor beneficio de las grandes empresas. No es esclavo Ricardo de Samaniego, antes, al contrario, alegre voluntario que no sólo escribe, se encarga de controlar los aspectos técnicos. Luz, que una buena parte del acto se desarrolla en la noche, y sonido, que la gente en vez de usar el micro parece que ama pelearse con él. Los nervios, ya sabes.

Ricardo Samaniego, poeta  y tramoyista oficial

Recitar es un acto que tiene que ver con el teatro desde el propio nacimiento. En este sentido nos dan lecciones Esther Gutiérrez, que escribe con parámetros clásicos y los lee con entusiasmo; Cony Salomón, veterana actriz, y la argentina Silvia Jayo, que un foulard por todo atrezzo, nos regaló una magnífica actuación sobre mujeres francesas encarceladas alevosamente.

Silvia, Esther y Cony

No es Silvia la única americana, desde Perú nos trajo Tony Arranz la añoranza de paisajes, ideas e historias. Y aunque figura en la lista de participantes por León, debemos señalar que Martín Guevara también lo es; sobrino del Ché, ya ves.

Fernando Montes Pazos

He hablado bastante con Fernando Montes; nunca suficiente. Hemos compartido vinos, escasos, y emborronado juntos páginas de revistas literarias. Pocas. Menos inglés, -a lo que se dedicaba en el instituto-, y cine, -su pasión-, me ha enseñado de todo. Nos regaló en esta jornada un poema que no puedo copiar por su longitud. Buscaré alguna forma de darlo a conocer.

“Yo no soy yo”,

Soy aquel transeúnte gris con el que te cruzaste

el otro día en la calle sin mirarlo,

Uno de tantos (yo tampoco te miré a ti) …

…Yo no soy yo,

No soy nadie, no soy nada,

Y cuando me vaya de aquí dejaré un nicho vacío

para ocupar otro,

En la confianza de que mi seguro de decesos se

haga cargo de los gastos del funeral.

Quién sabe, puede que hasta en el tanatorio se

vean caras contritas.

Margarita Campos y Ramiro Pinto

Forman dúo habitualmente Margarita Campos, que escribe, y Yolanda Prieto, que la lee al agorero público. En esta ocasión la lectora experta en teatro no ha podido acudir, contrato (eventual por circunstancias de la producción), a Ramiro Pinto; se coordina con la autora para contarnos “Cuántas veces”

Ramiro: Cuántas veces, 

uno se esconde 

detrás de un recuerdo

para seguir el impulso

de seguir viviendo. 

Marga: Cuántas nos engañamos,

acomodándolo a la necesidad

de no ver la cruda

y a veces absurda realidad. 

Pido la Paz y la Palabra

También uno, quiere aportar. La “Métrica”, de Blas de Otero, publicada en “Tomo la paz y la palabra”, resulta sorprendentemente actual después de cincuenta y un años.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

En tiempos de penumbras ideológicas nos quedan las palabras. Las propias, las de los poetas y las de aquellos que iniciaron o hicieron medrar este magnífico invento del Ágora de la Poesía desde aquel 31 de mayo de 2013. Ciertos de ellos faltaron porque no les sobra la salud, como Campal, Felisa o Cartago; otros ya no están más que en nuestro recuerdo: Sandra Sánchez García, Toño Morala, Eduardo Boado, el Caminante, Fernando Calvo, Joaquín Colín, Doralina, Agustín Rodríguez, José Luis Lamana. 

Larga vida al Ágora y sus gentes que han por lema: La Poesía no compite, ¡se comparte! Un propósito social.



[1] Otros fotógrafos de plantilla: Vicentón, Nemonio, Paco Fergar, y las fotos inclinadas de Eugenio Marcos Oteruelo.

[2] Otros participantes. Por Asturias: Carmen Sánchez Gaia, Cristina Álvarez Cienfuegos, Javier Muñiz, el poeta minero” Por Valladolid: Pura Velázquez, Inés García Redondo, Julio de Julia, Inés la vallisoletana. Ágoras de GuadalajaraAlcalá de Henares y la Casa de León de Madrid: Victoria Olaya, María Fernández, Leonor Merino, Gonzalo Neftalí. De León: Andrés García Trapiello, M.ª Jesús Calleja, Román Frago, Manuela Rodríguez, Manuela Bodas, Coral Muñoz, Ana Rico, 

[4] https://books.google.es/books?id=cW0lAwAAQBAJ

Comentarios

  1. Genial todo y ahora este reportaje es un bello recuerdo hasta que me lo pueda traer en vivo del Ágora.
    Abrazos.

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